martes, 11 de abril de 2017

Sala de espera desesperada. O casi.

En los tiempos que vivimos, estar sujetos a la verdad, ineludiblemente implica sabiduría, y a otros niveles con otras gentes, además, humildad. (O salgo de esta Semana Santa o me ingresan en el manicomio).

Todo apunta a un nuevo acuerdo de delación. Al margen de las consecuencias, que las hay y puede haber más o no, las personas más jóvenes no hacen lo mismo que las más viejas. Pido pues, a las personas más jóvenes que traten a las personas más viejas como les gustaría que las trataran a ellas en sus años altos. Y ojalá que lleguen. Viene la estupidez al caso porque vamos por mal camino. Vale que el viernes fue una bancaria que cree que el banco es suyo y no mío; el banco es de los accionistas y de los impositores y de cualquier cliente que tenga unos escasos euros en cuenta para llegar a fin de mes. Respeto, señora, y larga vida a su contrato laboral que será más bien escaso. Usted me trata con educación como yo la trato a usted y quien escuche detrás en la fila la tratará igual. No desprecie a sus clientes que los hay con muy malas pulgas: de banqueros y políticos estamos hartos. No sea usted su peor enemiga como alguien que aún no se ha enterado que hay que luchar por lo bueno porque lo malo viene solo. Si nos roban la esperanza nada nos queda y entonces se puede esperar lo peor. A quienes tienen el poder de decidir sobre sobre el estado de ánimo de las personas, ténganse miedo en seguir despreciando porque todo tiene un límite: Amor y buena correspondencia. Rajoy y sus amigos los grandes empresarios y sus delegaciones con sillón y mando en plaza están equivocados. Tal vez no se dan cuenta porque el día luce de lujo, pero los tribunales y sus sentencias condenatorias opinan diferente; no todos y todas tenemos un precio. Claro mujer. Y más te digo: nada es nuevo para siempre, y, si me apuras mucho rato. "Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa". (Demócrates). Como un amigo escritor y periodista en su artículo de ayer: "Tictac, tictac, tictac, tictac. Sala de espera desesperada. O casi". En su cuento de hadas sueña con no despertar a la realidad y en el delirio se ata a la desesperación. Tictac, tictac, tictac, tictac. Sala de espera desesperada. O casi. Gracias... (de nada).

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