La enfermedad, la impotencia, el sufrimiento tienen un precio y aumenta el coste de acuerdo a quién lo paga y sube el valor dependiendo de la causa. La casualidad no es una rifa. Con la impotencia, algo siempre se puede hacer. Y el sufrimiento lo hago mío y quienes lo provocan, mala gente, lo acaban pagando... ¿Justicia poética? "El que a hierro mata, a hierro muere". Me viene a la cabeza... Acertijo no es: "Quienes me conocen no me conocieron y quien me conoció no me conoce (ni existo para la mayoría)". De todas, una mujer me quiere después de odiarme y aún no sabe por qué me odió, pero me quiere. Los que me ignoran, ni odio, pero me odian; ella les dijo que me odiaran, y por simpatía me odian. El remordimiento de quien me quiere después de odiarme en verdad me duele porque yo también la quiero. Y, para finalizar, hablo de política: los nuestros ya han dispuesto su enterramiento. (De joven, por mi cara de pocos amigos, se creía que era el sepulturero, y nunca pasé de lapidario, el que hace inscripciones lapidarias. El epitafio corre por mi cuenta: "Lo malo, si lo es, siempre llega"). Gracias.
de soslayo
(Quizá ya ocurrió)
viernes, 8 de mayo de 2026
jueves, 7 de mayo de 2026
Las cosas nunca ocurren por casualidad (y II).
En estos tiempos, muchos no entienden aquello que pensaron los griegos, rescató Lope de Vega y cantó el Sabina sobre cuidarse del peligro de llegar a ser tan pobre que uno solo tenga dinero (qué daría por una mano y un brazo pegado a un hombro. O una Carmen bella para vivir cercano a la felicidad). Le ha ocurrido a más de uno que, después de investigar sus cuentas, llega a la errónea conclusión de que no es rico, nunca lo fue ni lo será. Miserable. Naturalmente, el camino no era ese, tampoco el de la credibilidad (la credibilidad no es una meta, es el camino), craso error, patrón (jódete, patrón). Mi hija corre a mí con las manos vacías y yo las lleno de esperanza con la dicha de que ella, consciente, lo entienda, pues, insisto, las cosas nunca ocurren por casualidad. (Ya habrá tiempo para regresar al mundo de los muertos y sus querellas). Gracias.
miércoles, 6 de mayo de 2026
Las cosas nunca ocurren por casualidad (I).
Siempre hay un sentimiento de tranquila y agradecida soledad cuando a una hija le toca pensar en su futuro incierto. Quizá crean ustedes que mi mente absurda dio en loco por pensar de alguna forma que me siento felizmente emocionado porque a una hija le vayan mal las cosas, y no es cierto. A quién se le ocurre pensar tal canallada... Ya me explico: una de mis hijas tiene problemas con el patrón (jódete, patrón) y a ella sí que le vendría bien un cuarto y mitad de tranquilidad, de estabilidad en el trabajo y de un salario justo, pero está convencida de que no lo conseguirá porque el patrón (jódete, patrón) culpa de su incompetencia a los demás y en eso anda. Pero las cosas nunca ocurren por casualidad. (Con el perdón, sigo mañana).