jueves, 24 de septiembre de 2026

¿Y si ganan las derechas?

Carlos Marx sostenía que la historia se repite dos veces, "primero como tragedia y después como farsa"; pues como farsa o como tragedia, he aquí que, quizá, los españoles estamos frente a la nada improbable posibilidad de que, en las elecciones del 27, haya una redención de las izquierdas en España y volvamos a tener gobernando a los que llevan siete años. ¿Qué? Si mañana salimos a la calle y profundizamos en la expresión de los sentimientos que cada cual esté dispuesto a darnos, y son meditados, los que gobiernan, a pesar de la corrupción y otras miserias, son más de fiar que las derechas... No como el alcalde de El Pueblo de Patricia, que ni con esas. Sin posibilidad de equivocarme, el respeto que le otorgas a una persona está amarrado al significado que su vida tiene para ti; por eso lo tratas con honra y admiración. ¿Acaso esta tristeza que se mastica en el ambiente es la conducta natural de las izquierdas? La vida está amarrada con lo bueno, lo malo y lo regular, y debemos entresacar lo necesario de lo inútil. ¿Y si ganan las derechas? Es decir, el PP y VOX, los que quieren para España el rechazo étnico. El PP, mucha cañita fresca en el bar de la esquina hasta el amanecer; ay, pero les sale por las entrañas la xenofobia y la exclusión étnica. Racismo del peor. ¿Y si ganan las derechas? Dale a la rueda que rueda y rueda. "Prioridad nacional". Núñez Feijóo ha asociado la migración irregular con la seguridad ciudadana, las agresiones sexuales y el color de la piel. (Al PP y VOX, o viceversa, que vaya usted a saber, con Fraga y conmigo que no cuenten. "Chao pescao"). Gracias.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Tengo miedo.

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo, y me siento tan cansado y pequeño
que reflojo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella).

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

Pablo Neruda, poeta, falleció el 23 de septiembre de 1973.

martes, 22 de septiembre de 2026

Mañana será otoño y Eugenio sigue vivo.

Me gusta evidenciar los valores cuando la persona de quien hablo aún vive y entiende que su aporte en cualquier ámbito es reconocido. Pero aborrezco la hipocresía de decir cosas positivas acerca de quien no las merece. Son pensares con los que todos estamos de acuerdo. Hoy quiero hablar de un ser humano, admirable ser humano, de Eugenio, por ejemplo. Siempre trato de exaltarlo porque la gratitud es un incentivo que ayuda a ser mejores personas. Hablo mucho de ser mejores. (Ojalá que no sea remordimiento). Digo Eugenio porque, aun suponiéndole defectos su humanidad es superior. Si utilizáramos una balanza pesaría más su solidaridad y tanta sabiduría que cualquier conveniencia. Y me remito a esta mañana tomando café: Me dijo que no estaba enfermo, que solo tiene una condición que especialmente celebraba: "estoy vivo". Eugenio, vive. Qué engañado me tenía. Y tiene razón. La vida es un hecho que hay que festejar en cualquier circunstancia, un día, hoy. Existen causas para celebrar estar vivo, como conocer a una persona, apreciar sus valores y con el tiempo llegar a quererla. Lo dice Eugenio. Mi amigo es especial y discreto: vive en mí. Un día al azahar tomamos café y me cuenta historias de antes. De su vida, lo que realmente importa, es decir, lo que hizo, no lo que no hizo y no hará. Me entristece recordar a Eugenio en otoño. Estación jodida que hoy irrumpe para los mayores. Otoño lluvioso y frío. La muerte es fría. Eugenio es un hombre sabio que deshoja los años exprimiéndolos hasta el límite. Hablo de Eugenio y me siento triste. Quizá sea porque callo más de lo que siento y digo: hasta la muerte todo es vida. Pactaría con un Dios comprometido otra vida. Una vida que, a pesar de todo, me permitiera conservar una sonrisa en los labios. Joder, hace tiempo que no río. Reír adorna la vida. Eugenio lo hace sencillo; se puede decir que es un hombre que construyó su vida a fuerza de esperanza y trabajo. Sabe llevar aliento a sus penas y a una particular dolencia familiar. De Eugenio se puede decir mucho, como que sigue vivo. Mañana entra el otoño y caminaré Les Seniaes y en su campo, a la sombra de un naranjo, recordaré los buenos momentos, si recordar no es pecado. Gracias.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Día Mundial del Alzhéimer.

La lenta sombra me resguarda.
Aunque siempre está detrás la agonía.
Yo que he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
la tragedia sin par de la existencia.

Perdóname, ¡oh amor!, si no te nombro.
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Te recuerdo Amanda.

Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él, con él.

Son cinco minutos,
la vida es eterna en cinco minutos,
suena la sirena,
de vuelta al trabajo,
y tu caminando,
lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.

Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha
La lluvia en el pelo
No importaba nada
Ibas a encontrarte con él
Con él, con él, con él, con él, con él.

Que partió a la sierra,
que nunca hizo daño,
que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado,
suena la sirena,
de vuelta al trabajo,
muchos no volvieron,
tampoco Manuel.

Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.

Víctor Jara, poeta, falleció el 16 de septiembre de 1973.