Me gusta evidenciar los valores cuando la persona de quien hablo aún vive y entiende que su aporte en cualquier ámbito es reconocido. Pero aborrezco la hipocresía de decir cosas positivas acerca de quien no las merece. Son pensares con los que todos estamos de acuerdo. Hoy quiero hablar de un ser humano, admirable ser humano, de Eugenio, por ejemplo. Siempre trato de exaltarlo porque la gratitud es un incentivo que ayuda a ser mejores personas. Hablo mucho de ser mejores. (Ojalá que no sea remordimiento). Digo Eugenio porque, aun suponiéndole defectos su humanidad es superior. Si utilizáramos una balanza pesaría más su solidaridad y tanta sabiduría que cualquier conveniencia. Y me remito a esta mañana tomando café: Me dijo que no estaba enfermo, que solo tiene una condición que especialmente celebraba: "estoy vivo". Eugenio, vive. Qué engañado me tenía. Y tiene razón. La vida es un hecho que hay que festejar en cualquier circunstancia, un día, hoy. Existen causas para celebrar estar vivo, como conocer a una persona, apreciar sus valores y con el tiempo llegar a quererla. Lo dice Eugenio. Mi amigo es especial y discreto: vive en mí. Un día al azahar tomamos café y me cuenta historias de antes. De su vida, lo que realmente importa, es decir, lo que hizo, no lo que no hizo y no hará. Me entristece recordar a Eugenio en otoño. Estación jodida que hoy irrumpe para los mayores. Otoño lluvioso y frío. La muerte es fría. Eugenio es un hombre sabio que deshoja los años exprimiéndolos hasta el límite. Hablo de Eugenio y me siento triste. Quizá sea porque callo más de lo que siento y digo: hasta la muerte todo es vida. Pactaría con un Dios comprometido otra vida. Una vida que, a pesar de todo, me permitiera conservar una sonrisa en los labios. Joder, hace tiempo que no río. Reír adorna la vida. Eugenio lo hace sencillo; se puede decir que es un hombre que construyó su vida a fuerza de esperanza y trabajo. Sabe llevar aliento a sus penas y a una particular dolencia familiar. De Eugenio se puede decir mucho, como que sigue vivo. Mañana entra el otoño y caminaré Les Seniaes y en su campo, a la sombra de un naranjo, recordaré los buenos momentos, si recordar no es pecado. Gracias.
de soslayo
(Quizá ya ocurrió)
martes, 22 de septiembre de 2026
lunes, 21 de septiembre de 2026
Día Mundial del Alzhéimer.
domingo, 20 de septiembre de 2026
Te recuerdo Amanda.
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos,
la vida es eterna en cinco minutos,
suena la sirena,
de vuelta al trabajo,
y tu caminando,
lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.
Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
La lluvia en el pelo
No importaba nada
Ibas a encontrarte con él
Con él, con él, con él, con él, con él.
Que partió a la sierra,
que nunca hizo daño,
que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado,
suena la sirena,
de vuelta al trabajo,
muchos no volvieron,
tampoco Manuel.
Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica,
donde trabajaba Manuel.
Víctor Jara, poeta, falleció el 16 de septiembre de 1973.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Que cante Patricia.
De qué nos sirve leer a Marx si la primera revolución es revolucionarse y fue cosa Krishnamurti.
Con voluntad de escribir, pero sin una idea interesante que me convenciera, pensé que, siendo miércoles, si Dios por boca de la Magdalena me diera la inspiración que necesito... Y abrí al azahar la Biblia en verso y asomó San Pablo Apóstol y me deslumbró con un enunciado: "Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más, cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado". Inspirador enunciado, pero torpe de entendederas, me deja entre hojas de laurel marchitas. Cuando la inspiración se niega, me adentro en Les Seniaes, el paraíso donde todo comenzó, y entre naranjos se deja ver un poema que se explica si se entiende atizando la memoria y todo cobra sentido: Porque en parte conocemos y en parte vaticinamos lo tan deseado. Y qué cabeza la mía no darme cuenta qué habíamos recibido como familia la gran noticia, en particular para Patricia. Ojalá y que su memoria no esconda la gran noticia en un cajón. En diez años hicieron de su vida un estropicio mental. Hablo de ella y de él, regidores, y a los lameculos y las palmeras se les acabaron los excesos. Si digo Patricia, digo cultura, ay, la cultura. Un pueblo sin cultura siempre será un pueblo paupérrimo. (Perdón por la nostalgia). Los políticos administran la vigilancia de los ciudadanos; pero, claro, primero deberían tenerla. Vivimos tiempos desleales, pero nunca es tarde, sí, a pesar de los insultos seducidos por la maldad. A Patricia siempre se le dio bien aceptar quehaceres sin oponer resistencia. (Si el murmullo tranquilo del silencio se lo aconsejaba, para qué negarse si iba ser el deseado). Gracias.