El cáncer de mama es una alteración muy grave de la salud que, sin dejar de ser una enfermedad común, es una locura que no se va de la cabeza. Un día llega porque sí y sin llamar a la puerta entra y se queda a matar o morir: ni castigo divino ni un verso gris, además pone condiciones. El cáncer de mama cambia el vivir de la mujer y se ve obligada a hacer un paréntesis en su vida. La tragedia tiene dos actores principales: la mujer y el propio cáncer desde el instante que el cirujano lo confirma después de diversas pruebas agresivas que debilitan su capacidad física y psíquica. Guerra abierta por el maligno contra la vida. Habrá o no Dios y María, pero hay maligno y hay infierno. El cáncer de mama transforma la idiosincrasia de la mujer y en su comportamiento anida la desesperación. De pronto se para el reloj y todos sus días se convierten en un contratiempo funesto. No quiere saber de las personas que más quiere, ni de sí misma. Una realidad desconocida espera que una mujer le haga frente obligándola a redefinir sus prioridades. Una trama asesina se vuelve más enrevesada al paso del tiempo. No existe mujer en el mundo que al conocer de cerca el cáncer de mama no se desmorone. Y no cuentan experiencias ajenas, cada cual sufre la suya en un mar de interrogantes que quiebran la mente. Pero otro día, y también llega porque sí, el reloj echa a andar y el cáncer de mama no está, se fue, huyó y da a creer que una mujer, una heroína, ganó la batalla al maligno, y quizá la guerra. Es entonces cuando aparecen las secuelas que llevan a pensar si todo sigue igual, si el antes y el ahora será el después. Esa duda jamás se irá de su vida. Y sí, de lo malo también se aprende y se encuentra sentido a las cosas insignificantes. La fe es trascendental, porque sin fe no hay esperanza, de ahí que siempre habrá un poema que manifieste con la más bella prosa que a una mujer le ha vuelto la salud al cuerpo. Y de madrugada murió la muerte. Felicidades. Amor.
de soslayo
(Quizá ya ocurrió)
lunes, 19 de octubre de 2026
viernes, 16 de octubre de 2026
Ana.
Ana, se llama Ana, y tiene cualidades innatas para el estudio y los valores fundamentales que le enseñaron sus padres. Aun siendo niña, porta principios para ser una gran mujer. Cada palabra que brota de su boca es un manantial de literatura. Arte. Capacidad e ingenio. Tiene coraje a raudales, nada es imposible para ella y está comprometida en mejorar su vida. Además de hacer felices a sus seres queridos. Ana es amor. Contagia alegría y viste de colores arcoíris. Ningún pintor de reconocido talento sería capaz de plasmar su sonrisa en un lienzo. Rebosa felicidad y yo me emociono verla, y más cuando corre hacia mí y me regala un beso. Ignorarla más que un descuido sería un pecado sin indulgencia. Ana ha sembrado en mí la alegría. Comprometida con descubrir los amaneceres de la mano de Ian como madrina... Ana es la madrina de Ian, y ya los imagino escudriñando sueños de encantadas ilusiones. No me extrañaría que su amor por Ian la involucrara en un pacto divino para crecer a su ritmo. Sería entonces un milagro para creer más que un pacto. Sea lo que sea, todo es posible si hablo de Ana y su amor por Ian. Ana es un vivero de contento, después de conocerla es difícil imaginar la vida sin ella. Desde los años altos me da seguridad sentirla cerca de Ian. Sin sacramento de bautismo, profesa veneración por Ian, lo protege y lo favorece. Es un honor en grado superlativo que Ana haya aceptado ser madrina de Ian. Ian merece una madrina como Ana. Felicidades.
En de soslayo. Viernes, 16 de octubre, de un cumpleaños feliz.
martes, 13 de octubre de 2026
Aída Lafuente. La Rosa Roja de Asturias
Qué sabes tú de Aída,
alguien te habló de octubre,
de la revolución del 34.
Cómo se explica un frente popular,
sin hablar de una raza insurrecta;
qué en valles y montañas combatió,
los dos años de república negra...
Fueron dos años, dos,
¡para qué más!.
En donde la derecha supo demostrar
que no estaba dispuesta
a dejarse arrebatar el curso de la historia...
Qué sabes tú de Aída,
ella nació en Asturias.
Qué sabes tú de Aída,
dispuesta camarada...
Apenas hizo historia,
pero de su valor sí que hay memoria.
Su nombre circuló de boca en boca,
de la revolución, la rosa roja.
Aida Lafuente, enfermera, murió con 19 años durante la Revolución de Octubre de 1934 en Oviedo (13 de octubre de 1934).
lunes, 12 de octubre de 2026
Hoy es tu día, felicidades.
"Cuando tenga un minuto te llamo y tomamos café". Fue cuando me di cuenta de que moriría sin tener algo serio con ella.
¡Pensamiento crítico!"¿Qué es eso? Sus asuntos inaplazables y su ansiedad. No le daba la vida para tanto. A Dios gracias, el tiempo solo desespera a quien espera, y no solo no tomamos café, tampoco nos volvimos a ver. Un café y unas pastas de té. El café correría de su cuenta de la mía las pastas de té. No sabía lo que ahora sabe: me quería tanto como yo a ella. Esa fue su pena, esa condena. A veces el tiempo se aprovecha mejor haciendo nada. Se dejó llevar por la tontería sin saber lo que estaba perdiendo. Si hubiera escuchado a su corazón y no a sus palmeras, ay, sus palmeras, se habría curado en salud. La gota que colmó el vaso fue creer que el 12 de octubre era fiesta nacional en su honor. La soberbia la llevó a dar en loco. Lo que sube baja, y cuentan que hay quien se teme lo peor. (Mandela dijo: "Yo no pierdo, o gano o aprendo"). Gracias.
domingo, 11 de octubre de 2026
La soledad no deseada y los problemas de salud mental.
De cuando en vez, cuando el asunto lleva al caso, la nombro, hablo de la dama que no me deja ir. No me deja ir, y eso es de agradecer, porque aún no pasé la raya que limita la enajenación de la cordura, o viceversa, puesto que la raya es muy fina y no me veo capaz de discernir si la pasaría por abajo o por arriba. Parece una buena mujer, aunque a veces se pone en plan psiquiatra y es una tortura incluso para mí. La soledad no deseada y los problemas de salud mental. ¿Uno lleva otro? Como otro lleva a uno. Matemáticamente. El problema no nos es ajeno: escucha, activa conexiones auténticas, espacios de apoyo e insiste en solicitar ayuda a tiempo y responder a ella desde la Sanidad Pública, aunque eso va a ser complicado por lo que sabemos. Pues entonces, para dirigir este reto invisible sin mirar atrás, con esperanza, invitaría a un corazón amigo y situar el suyo a su lado y hablar quieto, o conversar sin mediar palabra. Reír, solo reír, cuáles verdaderos amigos. ¿Será posible? Un amigo y una mano y un brazo pegado a un hombro. (La soledad no deseada y los problemas de salud mental). Gracias.