jueves, 19 de febrero de 2026

Las cosas que nunca te dije.

Las cosas que realmente importan no avisan de su llegada. Ni de su partida. Suelen caminar de puntillas, como un sueño que se desvanece sin que te des cuenta. Escribir columnas, por ejemplo. Un día te piden que hagas una y lustros después te encuentras con una lista casi interminable de pequeñas citas de papel con personas a las que no conoces, pero que quizá te acaben conociendo bien. Seres sin nombre ni rostro en su mayoría que se paran durante un minuto a ver de qué escribe alguien que se divierte tendiendo puentes de papel sobre el elocuente silencio de las palabras que buscan algo parecido a una complicidad. Una conexión invisible que surge a cualquier hora del día o de la noche, atrapada en servilletas de papel o libretas deslenguadas. Restos de tinta enfadada, fatigada, jovial o indignada, apaleada por la vida o iluminada por algo parecido a una esperanza. Sincera siempre, para qué vamos a engañarnos. Busquemos lo que no entendemos para reconocernos en la confusión de cada día. Busquemos la discrepancia dentro de un orden para darnos cuenta de que hay en algún lugar personas que se reconocen en ti a veces. O que fruncen el ceño porque esta mañana, maldita sea, no hay forma de llegar a un acuerdo.

Escribir es una forma de describirte. Y leer te delata y te relata. Sobre todo, cuando se trata de detalles que esquivan la gran palabrería y el tráfico embotellado de los titulares efímeros. Esos detalles que no aparecen en portada ni en los resúmenes del año, que se componen de intuiciones o destellos surgidos en momentos fugaces: cruces de ascensor, reflexiones pilladas al vuelo, lamentos escondidos o sonrisas con derecho a veto. Yo qué sé. Tú sí que sabes. No hay que esperar que unas palabras cambien el mundo, pero tal vez ayuden a hacerlo más habitable durante un instante. Palabras como refugio que, en ocasiones, eligen el silencio para no dejar de creer en ellas. Se forja entonces una gratitud permanente hacia quienes dedicaron tiempo a leer a un extraño que (tal vez, quizá, posiblemente, ojalá) pudo descifrar cómo te sientes. Fue un placer.

Autor: Tino Pertierra, escritor y periodista, un amigo al que nunca llegaré a conocer.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Escribir para seguir leyendo.

Cuando uno llega a conocer un porqué para vivir y por quién: "qué puedo hacer por ti para que no sufras". Después de estar atrapado en una fantasmagórica y real frágil salud mental me encuentro al otro lado de la historia, entre los sobrevivientes, y mirando tantas cosas mal hechas mientras observas, además, cómo la realidad supera a la ficción. Agotada la capacidad de asombro, despertar al día con una promesa pendiendo de un hilo es una gran hazaña, si no un milagro para creer. Estamos aquí para seguir amando a quien nos ama y aceptamos el reto de reinventarnos sin esperar a que llegue el frío invierno para crear una nueva esperanza y echarla a andar con la palabra como escudo y como espada. La palabra amiga y enemiga. La palabra voltea, huye, se detiene, corre y vuelve a detenerse. La palabra es luz y es oscuridad, golpea y acaricia, ama y odia, aflige, aterra. La palabra nombra cosas, crea pueblo, elimina fronteras y pone fin a conflictos. La palabra es ajena, personal, propiedad de nadie. (La palabra justiciera escribe el día que me gusta vivir en de soslayo para seguir leyendo). Gracias.

martes, 17 de febrero de 2026

Discriminación positiva.

Entre los días que vivimos creyendo que los vivimos y los que dejamos de vivir, también creyendo que los vivimos, están los días que no somos capaces de discriminar positivamente para sobrevivir a de soslayo. ¡Ah!, sí. Y aprendimos a mentir y nos engañamos y pasamos de lo intuitivo a liderar la información clave y el conocimiento profundo del existir vital, porque intuir o sospechar no es suficiente para desconfiar de algo o de alguien. Descartar lo que parece de lo que es, quitar los disfraces, remover las entrañas, confrontar al drama, es derrotar la percepción inmadura. Desnudar el engaño y la mentira. El engaño.

En el momento que más me necesitabas, abatida tu cara pálida ante el espejo, desmemoriada... No me canso: en qué poco te valoras. La discriminación positiva no está penada por la ley de tu Señor Dios ni por la justicia del hombre si es por amor. (Cuando no tengo ideas para ordenar el pensamiento la nombro entrelíneas. A ella le lastima y a mí me entretiene). Gracias.

lunes, 16 de febrero de 2026

El alcalde y la otra.

No estoy bien del todo, de otra manera bien, gracias. Lo cierto es que con la que está cayendo uno no puede estar bien del todo. La dama que vela mis sueños afirma que para la edad que tengo estoy estupendo... La que fue a la escuela es ella, no yo. Voy al caso que hoy me obliga a escribir: paseando Les Seniaes me topé de manera casual con el alcalde. Sí, el alcalde. Siempre lo digo: "nada ocurre por casualidad". Tenía ganas que el azahar propiciara un encuentro con el alcalde. Le largué la intemerata por la boca. Gocé, eso no lo puedo negar, y él, si gozar para él es resignarse y no darme dos hostias. Saben lo mejor de caso: me dijo que pasara por la alcaldía para hablar tranquilamente de uno y de otra, sobre todo de otra... Hay que joderse, sigue doblando esquinas... toda ella está en todo momento. En fin, le dije no, que no me fiaba de él, de su padre sí, pero de él no. Y nos fuimos cada cual por su camino -dicho sea de paso, míos los dos, dado que hablo de Les Seniaes-, no sin antes recordar al poeta Amado Nervo: "Si una espina me hiere, me aparto de la espina, pero no la detesto". Y quedamos para comer otro día y hablar tranquilamente de uno y de otra, sobre todo de otra... (y de lo que vaya saliendo... ay). Gracias.

domingo, 15 de febrero de 2026

Ian.

Adivinar tu cuerpo, tu cara de ternura entrañable. La celeridad del llanto al compás de tus sollozos. Estrechar cada dedo de tu mano con mi mano. Imaginar el secreto del momento y conocerte.                         Eso quiero, conocerte. Apenas tuve tiempo de imaginarte y ya estás aquí metido en tu cuerpo de bebé. Difícil sería aceptar que fueras aún más de lo que ya eres, aquello que pude a tientas descubrir viajando por mi mente, zigzagueando con temor tu silueta, mirándote con sigilo, acostado en mi memoria de recién nacido; difícil sería aceptar que fueras aún más sorprendente: tu boca y tu nariz, la redondez de tu cuerpo, la viva imagen de tu madre. Ian, llegó el momento de conocernos: prometo velar tu existencia hasta quemarme los ojos. En de soslayo. Domingo, 15 de febrero de un cumpleaños feliz.