domingo, 12 de abril de 2026

Ahora sí, es primavera.

Lleno los rincones de mi casa con pequeños pormenores de tu rostro para disfrutar de la mágica sensación que me inspira tu risa y tu alegría. Las ganas de volverte a ver y el cálido abrazo que se resiste. La aventura de recordar y atrevernos a ser felices desde el pasado, recordar el tiempo llegado a menos. A menos. La esperanza lo puede. Yo nunca perdí la esperanza de que la mejor noticia se hiciera realidad y se hizo. Felicidades. Consciente de su existencia, asumo con humildad el eterno encanto. Si algo tiene de maravilloso el amor es su capacidad de renovarse. Comprender el misterio de esta renovación es la mejor manera de vivir. En el recuerdo estás conmigo y mientras te miro, disfruto de tus besos. Te quiero. Somos el tiempo pasado que está por venir. El tiempo que dejamos de vivir. El tiempo que alumbrará un nuevo día. (El reto mayor en la vida consiste en aprender con humildad a doblegar la adversidad y dilatar el entusiasmo mientras haya una esperanza). Gracias.

Ángelus, Mario Benedetti.

Quién me iba a decir que el destino era esto,
ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen prohombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era esto.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.

sábado, 11 de abril de 2026

Lírica amorosa.

La vida es un arcano, un arco iris indescifrable en la infinita inmensidad, una creación que juzga con sentencias inapelables: Nada es eterno; hasta el amor se muere. Creo en el amor, lo ensayo cada día y no tiene que ver con los falsos sollozos. Lo dicen los poetas y yo de los poetas me fío. Para la mayoría de los hombres y mujeres, el amor existe. Si hablamos de amor, en la antigua Roma adoraban a Cupido, dios del amor. Cupido era un gordito que disparaba flechas al corazón y de cuando en vez acertaba, pero no enamoraba (hay gente con un corazón frío como el hielo). Hoy en día parece una farsa exenta de imaginación: los tiempos han cambiado y preferimos llegar a fin de mes. A Cupido los griegos lo llamaban Eros. Su nombre en esta época se utiliza más como prefijo de un vocablo menos sentimental y más carnal. En aquellas antiguas fiestas se lo pasaban de vicio todos los días celebrando el amor unas con otras y otras con unos y viceversa (y nunca fue degradación moral); la cosa era fornicar. Santo era el fornicio. Eros era más tolerante que Cupido con el amor de cada cual a su manera. El amor y sus benditas realidades. Hoy en día aún hay gente que va diciendo por ahí... Dejémoslo estar. El secreto del amor consiste en oír a nuestro corazón decir sí, es real... ¿Se oyó? Como de soslayo es real (y fantasmal). Tenemos la llave para abrirnos a ese sentimiento exclusivo que cada cual siente a su manera. Ironías y algún desahogo al margen, las relaciones afectivas humanas conllevan duelos y alegrías, pero el amor es lo único que merece la pena mientras llega la hora. Gracias.

viernes, 10 de abril de 2026

Flor de María, cascarrabias, para más señas.

Cascarrabias, sin perdón, Flor de María, escucha: Cada día que tu Señor Dios te regala un nuevo amanecer, es una buena madrugada para mí. Para los dos, si estás mirando hacia el Este. Eso es un acto de su amor por ti, y santa poesía para mí. Ay, me lo pones muy difícil, ¡qué mujer!, cada día te haces más mayor y más cascarrabias. Pudiendo ser amable y cariñosa, eres una aguafiestas. Y ahora te da por tirarme los trastos a la cabeza. ¿A quién mataría yo? En este punto podría decir: No me hagas hablar, pero callar no va con mi temperamento, así que al loro: Cada día elijo pasear tu atajo en Les Seniaes para recordarte, y que los años y con ellos la mala memoria, no me alejen de ti. ¿Me lo agradeces? Cascarrabias. Otra vez tú, y a vuelapluma, has venido a desnudar la condición de vulnerabilidad por la que andamos ambos dos: Los años altos de la vida. No te me quejes tanto, que inundarás el gran océano que nos separa, y eso es tanto como vivir al capricho de las lluvias del mes de abril, volver al pasado, perderlo casi todo y traer a la memoria los peores recuerdos. Por todo esto y mucho más que omito, es la hora de querernos un poco más, si cabe, eso sí, si a tu vecino de arriba, el señor gringo de modales fascistas y prácticas imperialistas, tiene a bien considerar que siga amaneciendo. Y ya te vale por hoy. Digo. Cascarrabias. Gracias.

jueves, 9 de abril de 2026

Las bondades de la nostalgia.

No a todos los días les da por enseñarnos a distinguir lo urgente de lo importante. Lo que voy a contarles ocurrió la Semana Santa, cuando en medio de la algarabía por haber resucitado Jesús el Cristo, una tamborrada me remitió a las bondades de la nostalgia; a la herencia de Eugenio, mi viejo y sabio amigo, un hombre bueno, socialmente servicial, esforzado en hacer feliz a los suyos y a toda la vecindad. ¿Por qué la charanga sigue pasando por delante de su casa con tanto, y tanto ruido? ¡Guarden silencio en honor a su recuerdo, o vayan a tomborrear a la puerta de la iglesia! Los dos llevamos el ruido muy mal. El hecho es ese y no otro. Insana virtud la de meter la pata de atrás. La pata de atrás de todos los alcaldes y las dos de una alcaldesa. Borracho de nostalgia, pero feliz y agradecido, con el corazón en la mano, maltrecho en la orfandad de Eugenio, melancolía. En el día de hoy, la vida me recuerda que los que nos llegan al alma son los únicos bienes materiales capaces de vencer la muerte. (Eugenio, la tristeza nunca jamás estará unida a tu nombre; por eso tú vives en mi recuerdo). Gracias.

miércoles, 8 de abril de 2026

A la Luna de Valencia.

De paseo con Ian por Les Seniaes... ¿Recuerdan? Qué tiempos aquellos. Sueño con Ian. El tiempo pasa, y esto y aquello y yo, a la Luna de Valencia, distraído en mis quehaceres... ¿Qué quehaceres? Quien pueda, que me libre de mis quehaceres. El alcalde, por ejemplo. Me cuentan que el alcalde está tocando a unos y a otras para formar una lista electoral. A más de un año de las próximas elecciones, le entran prisas. Pues una de dos: los que están quieren irse y los que no están... no están. Un día al azahar, miedo me da pensar lo que pienso, y peor lo que piensa el alcalde. Y aparece el refranero popular: "Nunca segundas partes fueron buenas". Señor alcalde, queda tiempo para volver a las urnas. Mientras, haga algo urgente; consiga que me fíe de usted, no pregunte por lo que pasó ayer, no preste atención a los políticos que le precedieron y sus aventuras vengativas. Ande, no pierda más el tiempo en estos días de abril. Confíe en mí, yo nunca le defraudaré. Y lo sabe. Gracias.