de soslayo
(Quizá ya ocurrió)
viernes, 10 de abril de 2026
Flor de María, cascarrabias, para más señas.
jueves, 9 de abril de 2026
Las bondades de la nostalgia.
No a todos los días les da por enseñarnos a distinguir lo urgente de lo importante. Lo que voy a contarles ocurrió la Semana Santa, cuando en medio de la algarabía por haber resucitado Jesús el Cristo, una tamborrada me remitió a las bondades de la nostalgia; a la herencia de Eugenio, mi viejo y sabio amigo, un hombre bueno, socialmente servicial, esforzado en hacer feliz a los suyos y a toda la vecindad. ¿Por qué la charanga sigue pasando por delante de su casa con tanto, y tanto ruido? ¡Guarden silencio en honor a su recuerdo, o vayan a tomborrear a la puerta de la iglesia! Los dos llevamos el ruido muy mal. El hecho es ese y no otro. Insana virtud la de meter la pata de atrás. La pata de atrás de todos los alcaldes y las dos de una alcaldesa. Borracho de nostalgia, pero feliz y agradecido, con el corazón en la mano, maltrecho en la orfandad de Eugenio, melancolía. En el día de hoy, la vida me recuerda que los que nos llegan al alma son los únicos bienes materiales capaces de vencer la muerte. (Eugenio, la tristeza nunca jamás estará unida a tu nombre; por eso tú vives en mi recuerdo). Gracias.
miércoles, 8 de abril de 2026
A la Luna de Valencia.
martes, 7 de abril de 2026
Día Mundial de la Salud.
Corren malos tiempos para la salud. Lástima que Mario Benedetti haya muerto para explicarnos... "No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma. Aún hay vida en tus sueños". Hablo de ser reflexivos y aceptar las consecuencias con los humildes en el corazón. Que la Magdalena nos guíe. Odio las velas a Jesús el Cristo y los lamentos de las plañideras. Deberíamos esperar en la escalera a que nos llegue la hora. Y que no nos duela. Vivimos días tristes. Joder, dona, me mortifico y no arreglo nada. Ayer fuimos al hospital. La comida del hospital sabe a enfermedad. Mi esposa pidió un bocadito, yo nada, gracias. Nos sentamos en una mesa alejada del ruido. ¡Guarden silencio, por favor!. Y el médico de imaginaria y los pacientes subiéndose por las paredes. ¡Necesitamos médicos!. Vivimos vidas atarantadas basadas en otras vidas sin expectativas. Apelo a la práctica para vivir sin miedo. Lo que nos cuesta aprender por las buenas, lo aprendemos por las malas en la sala de espera de un hospital. Por percibir la salud correr por nuestras venas. Por hallarnos con la paz del alma cuando la soga suba y el ataúd baje. Gracias.