miércoles, 4 de noviembre de 2026

Luna de noviembre.

Para hacer sentir el peso de tu pálpito y la naturaleza hondamente humana de la impronta colectiva. La poesía tiene motivos de existencia que la cerrazón y el delirio no logran comprender como un bien espiritual de primer orden. Es cierto que veces nos envuelve el sinsentido que apoya el aserto de la utilidad con que, por ejemplo, Oscar Wilde, sentenció la función social del lenguaje poético. Estoy pensando y busco en la oscuridad del silencio un algo para escribir. Se aparecen unas luces que parpadean: ¿Eres tú, poesía? Me confundes y me haces dudar. Pienso que cierras filas con desgana el capítulo de tus días acaso agonizantes. ¿Estás segura de que es amor lo que sientes? Posiblemente no soy quien para entrar en todos tus días. Quiero escribirte, poesía, y me siento cansado. Me vuelves loco. El abatimiento me imposibilita, es el maldito frenesí mental. Todo me perturba, estoy absorto en mi desdicha. La luna ya no acaricia mi frente con sus besos de labios plateados. Es esta una percepción que quiero aclarar diciendo que no es reciente, que la luna hace tiempo que no me besa. Si al menos con el deseo de un poema y a pesar de su incuestionable relevancia ontológica. La luna me inspira. No hay duda en torno al hecho de que la poesía es la más encumbrada expresión estética de los sentimientos y la más cercana al testimonio vital del amor. El amor es otro invento humano y cualquier disculpa le arranca un verso. La poesía siempre está presente en la más radical revelación por la sobrevivencia del humano ser. La poesía precisa concentración para oír esa música lejana y crearse. Es la brisa de un mar y sus brumas; las luces de sirenas que sobrenadan en el preámbulo de la encarnación literaria. Vaga entre la palabra como un náufrago, también tiende a perseguir la muerte en las sinuosidades de la locura. Divagaciones presas en el lenguaje poético con sentido filosófico que invitan a la reflexión en un mundo atribulado por la violencia y los desafíos que requieren de la templanza y de la visión trascendente que logra quien se sumerge en la poesía. ¿Percibes mi confusión? Te veo y te sonrío, mascas un verso. Abres los párpados y me miras con ojos de luna inspiradora. Sabes que no puedo escribir porque mis pensamientos están deshidratados. El razonamiento, como equilibrio a la hora de escribir me confunde, es otra creciente propensión a dejarme envolver por vacuos predicamentos y sus tendencias enajenantes. La palabra ya no puede coordinar la concatenación de ciclos en la decadencia de mi prosa. Amanecerá un día y mis ojos verán la distancia que nos separa en una estantería de libros que serán de soslayo en otra vida, donde la poesía me hará crecer y moverme como un ofidio en la pegajosa clandestinidad de un delirio de grandeza. (Hasta que María, la Magdalena, decida en contra). Gracias.

lunes, 2 de noviembre de 2026

Mi niña... mi niña.

Tal día como hoy hace una vida estaba sentado en el soportal y me llamó Kristel fuera de quicio y desperté en urgencias. Mi esposa me fue poniendo al día y una lluvia de recuerdos cayeron sobre mi cabeza. Kristel trabaja en un centro comercial de la "Zona Cero de la Dana" y el guardia de seguridad le dijo que subiera rápidamente a los pisos más altos porque el agua ya había alcanzado la primera planta. Mi niña... mi niña, no había cobertura móvil, no podía ponerse en contacto con su esposo y me llamó desde el teléfono fijo del centro comercial para que intentara ponerme en contacto con él. No sabía nada de él ni de su hijo. Y en el entretanto Dios y María dormitaban a la sombra de un naranjo. No es menester el poder del maligno para distanciarse de Dios. Ni vale una debacle para lustrar al verdadero culpable: El cambio climático. Carlos Mazón en boca de la consellera Nuria Montes: "El cambio climático es bueno para el turismo". Jaime Sabines: "Morir es retirarse, hacerse a un lado, ocultarse un momento, estarse quieto, pasar el aire de una orilla a nado y estar en todas partes en secreto". Gracias.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Ian y la muerte.

Coincidió. Hoy es Día de Todos los Santos, una festividad católica que se conmemora a todos aquellos que ya no están con nosotros y les llevamos flores al cementerio para homenajearlos. Sabelotodo Ian me preguntó si cuando yo me muera él también tendrá que llevarme flores al cementerio. Me sentí con su misma edad llevando flores a mi güela. Me sentí lejano y vacío de mí, y a punto de maquillar la realidad que de ninguna manera me apetecía. Yo nunca le mentí a Ian. Viví tiempos complicados, escasos de fe, y con un muro que separaba el cementerio de la buena gente con el de los rojos y maricones al paredón. Aquel entonces dejó un vestigio profundo en mí. Pero tenía que enfrentarme a la pregunta sin culpas ni disculpas: "Ian, claro que no -le dije-, cuando yo me muera no tendrás que llevarme flores al cementerio porque a mí no me comerán los gusanos. Doné mi cuerpo sano a la ciencia para que se lo trasplanten a quien más lo necesite y con el resto enseñarán a los estudiantes de medicina. Ian, tú y yo siempre estaremos juntos con nuestros mejores momentos. No quiero que estés triste por mí cuando me vaya. Tampoco que le tengas miedo a la muerte, porque es tan natural como la vida. Te quiero, Ian".

jueves, 29 de octubre de 2026

Eternamente, Miri.

Se llama Miri, y un día escribí:

Nos vimos. Ocurrió ayer. Nos vimos y nos saludamos como si fuéramos amigos más que vecinos. O, por qué no decirlo: dos enamorados de la vida y la familia que aún no saben que el amor nace y muere, libera y agarra toda inadvertencia en el subconsciente o tortura mental. Tú y yo sabemos que todo tiene su tiempo y que no adulteramos la verdad ni rendimos culto a la victoria. Nos mueve el amor. Mirian: ¿Qué puedo hacer para arrancar el maligno de tu cuerpo, sanarte, y que vuelvas a estar a disposición de los tuyos: tu marido... tu hija... tu hijo? En resumen, la familia. Ayer nos vimos y, al verte, me entró un escalofrío acompañando pensamientos que no quiero someter a análisis. Estabas sentada en un banco del parque con una persona a la que no quise conocer. Me daba la espalda y esa fue la razón por la cual otra vez no me atreví a acercarme a ti. Desde que supe lo tuyo, vivo extinto en ti. Como tú, yo tampoco cedo ni me rindo, pero el escalofrío al verte me hace pensar que me ocultas algo. ¿De qué me proteges? Sitúa tus anhelos y tus dudas donde puedan contarme y cuéntame: hay cosas que parece que no pasan, pero pesan, y cómo pesan cuando pasan por nuestro cuerpo y nuestra mente. Eternamente, Miri.

Miri, falleció el 29 de octubre de 2023.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Galope.

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Rafael Alberti, poeta, falleció el 28 de octubre de 1999.