viernes, 13 de marzo de 2026

La suma de todos los temores.

En un diario de asuntos exclusivos para suscriptores: "Casi 800.000 valencianos están en riesgo de bajar de estatus social".

El titular en prensa es una buena noticia, puesto que hay valencianos que aún pueden bajar de estatus social. Hoy dedicaré todas las horas del día a ir en busca de los 800.000 valencianos excluidos, y lo que es peor, autoexcluidos. Como sociedad, tengámosles miedo a los autoexcluidos, no les neguemos el aire porque quienes pierden la esperanza: ¿Qué les queda? Yo no soy de unos ni de otros, tengo suerte, pero lo que tiene que ver con la cesta de la compra y los salarios que llegan a final de mes con la nevera vacía... y etcétera. Mal va el país y peor la Salud Mental. Opuesto a lo que puedan pensar, si no hablo de amigas, soy optimista, aunque mi vocación para la alegría se está cubriendo de tristezas. Después de haber conocido la alegría en crecimiento y el brillo en la mirada, ahora, tan triste de morir... ¿Qué me espera? ¿Qué nos espera? ("Andamos con orgullo y sin zapatos y nos creemos todos caballeros", que nos cantó Pablo Neruda en un "Versainograma"). Gracias.

jueves, 12 de marzo de 2026

Susa, de las flores la más hermosa.

Andaba uno en plan mirón por el wasap de casa y apareció ella salvando el mundo. Se llama Susa y siempre fue de mucho salvar el mundo; quizá por eso, y hablo de años atrás, no se preocupó sino de Alba, su amada hija, y no tanto de ella. Pues ahora, según me cuentan, Alba se emancipó y adoptó un gato. En este punto iría en busca del refranero para recordar lo de "cría cuervos y te sacarán los ojos" y echarle sal a la herida, pero es Susa, amiga de las letras, que dejó un recuerdo que a día de hoy perdura. Por ser tema personal, nunca lo traje a de soslayo y fueron corriendo los años y yo me entiendo. Puedo decir con verdadero orgullo que nos queríamos con un amor semejante a la bolsa de los valores: un poco p’arriba y un poco p’bajo, pero siempre fatigoso. Éramos amigos de buen amor. En aquel tiempo me escribía anécdotas que le sucedían en la facultad. Susa, la quise porque puño en alto nunca dejó de gritar rebeldía. Joder, dona, es darle al teclado y asoman olvidos a mi mente absurda. Sabrá perdonarme, pero duele recordar los olvidos que duele recordar. Tan pronto como la Magdalena quiera, iré en busca de la escritura terapéutica emocional: quiero que se sepa quién fue para mí. Susa, de las flores la más hermosa, desconfiada, puesto que no se deja ver por cualquiera. La violeta que esconde su belleza bajo la hierba. Gracias.

En de soslayo. Jueves, 12 de marzo de un cumpleaños feliz.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Un güelu no entiende nada.

Somos aguas de un mar turbio que ni estrellándonos contra las aguas (acepto farola) nos vemos blancas. Como le ocurre a una mente absurda, y la urgencia extrema de visitar al psiquiatra porque las cosas no están claras y no hay psiquiatras, hay teléfonos comunicando. Nos tenemos que morir. A un güelu no le apetece morir y actúa como un amante, ausculta como un galeno, mira de soslayo a los ojos que amó, regresa a su mundo y no entiende nada. Diseñamos una vida imposible de vivir. Como el devenir a lo largo de mi vida según la recuerdo. "Mi historia es un recuerdo en un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero, la juventud veinte años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero". (Antonio Machado). Algunos casos que recordar no quiero igualmente acuden a mi memoria y los percibo de manera que superan las apariencias. A partir de esa irrealidad escribo el día añadiéndole sospechosas verdades. De escribir el día viene mi gran riqueza, también el poder que me acerca a tanta miseria y tanto miserable. (Mañana hablaremos de amor). Gracias.

martes, 10 de marzo de 2026

Cuanto más estúpidos, mejor.

Si me dieran a elegir la amenaza de muerte con más sinrazón de mi colindancia, sin lugar a dudas elegiría la de ir jugando con el teléfono móvil por la calle mientras van a cualquier sitio. Ah, sí, y más digo, no van a ningún sitio, porque en todo caso llegarían tarde. Admito que vengo de una generación que no teníamos ni semáforos. Verde, rojo, ámbar: ¡Para cruzar de acera hay que esperar a que el semáforo se ponga en verde, "so burro"!. Y llega el refranero al caso: "Una prueba de amor es dejar morir a los muertos"; el dicho aclara que el amor conlleva dejar a los demás vivir libremente. Entonces, que mueran los vivos parlantes atropellados por el camión de la gaseosa si eso les lleva a la libertad. Pregunto: ¿Qué sentido tiene jugar y hablar con el teléfono móvil por la calle si está sembrada de farolas? Cuánto más estúpidos, mejor. Son robots con forma humana, no personas. (Si ya somos esclavos de tantos asuntos inaplazables, el teléfono móvil nos esclaviza más). Gracias.

lunes, 9 de marzo de 2026

Ayer me volví a ir.

Ayer ocurrió una cosa muy rara: me olvidé del mundo y el mundo se olvidó de mí. Ayer me volví a ir. En realidad, no es nada raro, es habitual para mí irme sin haberme ido y regresar o despertar; es decir, no me moví del sofá, como me consta que le ocurre a mucha gente, la mayoría desconocida para la neurología, a la que, cuando me atrevo a salir de casa les pregunto y me dicen que no saben. Estamos bien jodidos. Los psiquiatras no sanan, te recetan pastillitas de colores. Y los neurólogos, tres cuartos de lo mismo. A mí la psiquiatra, ni fu ni fa. En cambio, la neuróloga, la tengo en los altares. Los profesionales de la salud están en periodo de extinción. Y eso es la muerte. No hablo por mí, yo tengo un plan. Un plan, y qué gracia, a cara perro se lo dije a la psiquiatra y quiso dar en loco (es joven y acabaría con su futuro). Ella no lo sabe, pero yo siempre tengo un plan. Cómo no tenerlo si vivo la edad de la autoestima, la sabiduría y los consejos. A esta edad, lo único que no sabemos es el día y la hora. En fin, la Facultad de Medicina impaciente espera -"no ni na"-, no seré una carga para la familia. Gracias.