Converso con el hombre que siempre va conmigo -quien habla solo espera hablar a Dios un día-; mi soliloquio es plática13 con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía. (Antonio Machado).
Como Antonio Machado, yo también converso con el hombre que siempre va conmigo. Por el hecho en cuestión, tal vez de muy poca cordura, me permitiría con él los abrazos, pero por mi cuenta aprendí que no hay que desconfiar de las personas, sino de las promesas; el hombre es de mucho empeñar la palabra y muy alegremente incumplirla. Vivo los años altos de la vida y tengo más ejemplos que canas. Al contrario, la mujer, me gustaría conversar con una mujer y llevarla conmigo a todas partes para curar la empecinada tristeza y soñar días felices, inventando un mar azul y diciéndole adiós yendo a su lado. Yo amé a mis amantes, caminantes de algún día, cuando las caricias de emergencia conducían a amores de paso que duraban toda la vida. Amor hallado, quiero estar contigo, verte, tocarte y amarte entre sábanas blancas de algodón egipcio. Gracias.