De qué nos sirve leer a Marx si la primera revolución es revolucionarse y fue cosa Krishnamurti.
Con voluntad de escribir, pero sin una idea interesante que me convenciera, pensé que, siendo miércoles, si Dios por boca de la Magdalena me diera la inspiración que necesito... Y abrí al azahar la Biblia en verso y asomó San Pablo Apóstol y me deslumbró con un enunciado: "Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más, cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado". Inspirador enunciado, pero torpe de entendederas, me deja entre hojas de laurel marchitas. Cuando la inspiración se niega, me adentro en Les Seniaes, el paraíso donde todo comenzó, y entre naranjos se deja ver un poema que se explica si se entiende atizando la memoria y todo cobra sentido: Porque en parte conocemos y en parte vaticinamos lo tan deseado. Y qué cabeza la mía no darme cuenta qué habíamos recibido como familia la gran noticia, en particular para Patricia. Ojalá y que su memoria no esconda la gran noticia en un cajón. En diez años hicieron de su vida un estropicio mental. Hablo de ella y de él, regidores, y a los lameculos y las palmeras se les acabaron los excesos. Si digo Patricia, digo cultura, ay, la cultura. Un pueblo sin cultura siempre será un pueblo paupérrimo. (Perdón por la nostalgia). Los políticos administran la vigilancia de los ciudadanos; pero, claro, primero deberían tenerla. Vivimos tiempos desleales, pero nunca es tarde, sí, a pesar de los insultos seducidos por la maldad. A Patricia siempre se le dio bien aceptar quehaceres sin oponer resistencia. (Si el murmullo tranquilo del silencio se lo aconsejaba, para qué negarse si iba ser el deseado). Gracias.