Casi nadie me conoce en persona, siempre fue dona la que llevó el castigo de las relaciones sociales, así que, muerta dona, creo que hoy puede ser un buen día para darme a conocer. Vamos a ello: A nadie le importó quién soy, siquiera dónde están Les Seniaes, algo que agradezco, pues a ese respecto mi intimidad me permite escribir con plena libertad. Soy una persona múltiple que teme implicarse con la gente y mantener relaciones de hermandad. En realidad, yo no soy yo, y sufro como un condenado porque oigo voces a distancia, incluso a través de las paredes. Mi esposa creyó que me estaba yendo y me hizo ver a un psiquiatra, que después de mirarme más o menos, no le dio importancia: me recetó pastillitas de colores y me dijo que cuando las acabara, volviera a por más. Con pastillitas o sin ellas, yo seguía oyendo voces a distancia. Así que, en otro intento por sanarme, mi esposa me llevó a que me viera un cura con manos de santo. El cura atendió las explicaciones de mi esposa y enseguida nos dijo que estaba poseído por el maligno: me exorcizó con agua bendita y arreglado. Pero seguía oyendo voces, incluso con tapones en los oídos. Otro caso perdido, tal vez. Sin trivializar lo dicho, ayer tarde coincidí con un grupo de gente que aseguraban conocerme y decían que me habían visto en una librería de Valencia hacerme un reportaje fotográfica y que el reportero de un periódico de tirada nacional me había hecho una entrevista porque yo era un escritor de mucho talento. Nunca fui un caso perdido. Era un escritor de éxito reconocido. Y reflexionando sobre el suceso, llegué a la conclusión de no tener que visitar a nadie, la que quiera verme que venga a casa. Las voces me dictan el día que me gusta vivir en de soslayo. (Ojalá cuando me excluyan de la lista de los amanecidos no me avergüencen mis chifladuras). Gracias.
de soslayo
(Quizá ya ocurrió)
viernes, 2 de octubre de 2026
jueves, 1 de octubre de 2026
No es política, son los políticos.
El relato dice una cosa, los hechos, otra. La sociedad más desarrollada de la historia, la más pacífica y la más equilibrada. Hoy se encuentra en manos de sus ciudadanos a sus enterradores. Una sociedad que reniega de todas esas conquistas políticas, sociales y económicas. Esa sociedad, al parecer, tiene sus días contados. Los sociólogos del futuro tendrán que buscar la respuesta convincente, a nosotros nos toca resignarnos y ver cómo todo se desmorona mientras hay gente que aplaude; como si hubiera un solo momento del pasado en el que hubiéramos vivido mejor que ahora; o cómo hay gente que le reza a los demonios, como si acaso no nos sobraran infiernos; como si el camino que muchos quisieran transitar ya no lo hubiéramos recorrido antes; como si no supiéramos a dónde nos lleva. El fenómeno es nacional, pero en Madrid lo vemos con más fuerza, los llamados a desarmar el sistema que lo ha hecho posible. Es la política la que ha creado las condiciones de nuestro crecimiento, aunque son los políticos los culpables de todos los problemas exhibidos que atesoramos. Gracias.
jueves, 24 de septiembre de 2026
¿Y si ganan las derechas?
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Tengo miedo.
martes, 22 de septiembre de 2026
Mañana será otoño y Eugenio sigue vivo.
Me gusta evidenciar los valores cuando la persona de quien hablo aún vive y entiende que su aporte en cualquier ámbito es reconocido. Pero aborrezco la hipocresía de decir cosas positivas acerca de quien no las merece. Son pensares con los que todos estamos de acuerdo. Hoy quiero hablar de un ser humano, admirable ser humano, de Eugenio, por ejemplo. Siempre trato de exaltarlo porque la gratitud es un incentivo que ayuda a ser mejores personas. Hablo mucho de ser mejores. (Ojalá que no sea remordimiento). Digo Eugenio porque, aun suponiéndole defectos su humanidad es superior. Si utilizáramos una balanza pesaría más su solidaridad y tanta sabiduría que cualquier conveniencia. Y me remito a esta mañana tomando café: Me dijo que no estaba enfermo, que solo tiene una condición que especialmente celebraba: "estoy vivo". Eugenio, vive. Qué engañado me tenía. Y tiene razón. La vida es un hecho que hay que festejar en cualquier circunstancia, un día, hoy. Existen causas para celebrar estar vivo, como conocer a una persona, apreciar sus valores y con el tiempo llegar a quererla. Lo dice Eugenio. Mi amigo es especial y discreto: vive en mí. Un día al azahar tomamos café y me cuenta historias de antes. De su vida, lo que realmente importa, es decir, lo que hizo, no lo que no hizo y no hará. Me entristece recordar a Eugenio en otoño. Estación jodida que hoy irrumpe para los mayores. Otoño lluvioso y frío. La muerte es fría. Eugenio es un hombre sabio que deshoja los años exprimiéndolos hasta el límite. Hablo de Eugenio y me siento triste. Quizá sea porque callo más de lo que siento y digo: hasta la muerte todo es vida. Pactaría con un Dios comprometido otra vida. Una vida que, a pesar de todo, me permitiera conservar una sonrisa en los labios. Joder, hace tiempo que no río. Reír adorna la vida. Eugenio lo hace sencillo; se puede decir que es un hombre que construyó su vida a fuerza de esperanza y trabajo. Sabe llevar aliento a sus penas y a una particular dolencia familiar. De Eugenio se puede decir mucho, como que sigue vivo. Mañana entra el otoño y caminaré Les Seniaes y en su campo, a la sombra de un naranjo, recordaré los buenos momentos, si recordar no es pecado. Gracias.