martes, 29 de marzo de 2016

Insensible con comillas.

De salud bien, gracias. O mejor, diría mi esposa. Hoy voy a Valencia sí y sí. Uno es bueno pero miente. Voy a Valencia después de caer por la escalera y hacerme una brecha en la cabeza. Iré despistado, no quiero que Kristel me vea escalabrado. Mi esposa está acostumbrada, el caso es que mis hijas viven su vida y otras desgracias tendrán que me ocultan. De viejo mi consejo es cuidarse de inculcar temor a los demás, en particular a la gente que nos quiere. Cantar tangos y boleros no es bueno. Además, ¿qué ganaría preocupando a mis hijas? Insensible, sin comillas, sería miserable. La gravedad del asunto lo requiere. De viejo, y hablo por mí, insensible con comillas: El conocimiento que pasa de soslayo por la enfermedad evita la preocupación. Un padre ha de estar vivo como ese apoyo familiar en la esperanza y ser un poco entrometido, solo un poco, para no irse ni que le echen.

Y tú no llores ni te preocupes,
la santa poesía nos alumbra:
lo que me ocurrió no es malo,
malo del todo, quiero decir.

Gracias por estar y ser la brújula
que me guía por el camino de la vida,
Sin más, el amor de mi vida: 
Carmen.

Vencida la muerte en otro asalto, humillada por un tiempo, su prestigio queda entredicho. Superada su estrategia, no tengo el mínimo interés pasar a la posteridad como la persona que se rió en sus narices. Sin embargo, porque el tiempo corre en mi contra, y lo sabe, paz, pero no de rendición.

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