viernes, 5 de mayo de 2017

Ser trabajador hoy.

Dicen de Teodoro Cuesta, poeta, que un día paseando con su nieto por La Pasera le dijo: "Ese señor que se acerca es un trabajador bandera. Tú respeta siempre a un buen trabajador". Y yo digo que si Teodoro Cuesta levantase la cabeza y viera que detrás de un buen trabajador hay siempre un abogado pleiteando con los amigos empresarios de Rajoy o cárteles de políticos incompetentes con sus obligaciones daría en loco. Como yo.

Hoy en día no se respeta a los trabajadores ni tiene valor la palabra dada. Estoy harto de representaciones teatrales, de pasarelas con modelos que dan pena y dolor, de noches desveladas escribiendo historias de finales imposibles, de sentir vergüenza ajena, de buscar en el diccionario palabras de consuelo, de leer poesía en busca de respuestas a una realidad que espanta. Harto de sembrar alegrías y recoger tristezas. No, yo no soy de poner la otra mejilla.

Hoy, daría lo que no tengo por irme sin haberme ido y despertar en un país sin miserias ni miserables, sin corruptos de cualquier calaña, ni políticos al servicio de sus dueños y sus propios intereses. Vale, lo admito, este no es el país que soñé para mis hijas, mis nietos y todo el mundo. Estoy harto pero no me rendiré. No volveré a escribir la biografía de una mascota muerta que no entierran por miedo a que resucite y regrese a mí: dona, amor inmarcesible. Escribiré al alba el día que me gusta vivir y no serán días triste. Mi vida será otra y otros mis intereses. Mi vida será un regalo que me haré donde solo mis decisiones importen. Mi vida será un existir de libre elección y desde hoy estaré ausente para la gente de asuntos inaplazables: "la señora marquesa hoy no recibe y mañana no vino". Dedicaré las horas de todos mis días a escribir en mi impagable soledad. Desde hoy estaré muerto. Ya amanecerá un día de amor posible para resucitar. Y a nadie importa si me mató un camión o mi capacidad para la autodestrucción. Eso sí, cuídense de hacer bien su trabajo, que yo no tengo dinero para abogados picapleitos. Se acabaron las segundas oportunidades y las culpas ya no serán de un amigo. Gracias.

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