sábado, 17 de noviembre de 2018

La felicidad (y dale).

Si en realidad existe la felicidad, no está en función de lo que tenemos, ni en cuanto nos valoramos, sino en lo que estamos dispuestos a hacer por los demás: la desposesión del "yo" y la comunión con los demás. La felicidad va con arreglo al amor.

Porque cada cual es feliz a su manera, hay quienes son felices y no lo saben. La felicidad no debe entrar en planes espurios porque arruina la vida. La felicidad para ser felicidad se comparte. Uno a veces en la calle se encuentra con semblantes que no sabe interpretar. Corren malos tiempos, pero no corren tan malos: lo contamos y no es poco. Podemos estar satisfechos de la realidad que vivimos, de lo contrario, en gran parte somos nosotros los culpables del fracaso. Destrozamos relaciones, frustramos proyectos, quebramos miramientos, y todo, sin valorar si nos conviene o es lo correcto. Al menos no perdamos la esperanza... De ser quienes somos o quién decimos ser, que la vanidad -parafraseando al poeta Antonio Machado-, no nos impida volver a la verdad. ¿Alguien imagina sentar las bases para una empresa de largo recorrido y no llevar en la mochila agua, planos, brújula, conocimiento, ilusión y etcétera para el camino? Más vale que sobre que no que falte. ¿Comprenden? En todo caso, la felicidad si no es un estado de ánimo es relativa. O solamente pasar de las palabras a los hechos. Gracias.

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