viernes, 1 de julio de 2022

Vivir de rodillas.

Hace días escribí acerca del amor a por cientos, el de tanto tienes tanto vales. El amor que cotiza en la bolsa de los valores. Si ustedes acaban de llegar, han de saber, que el amor no se compra ni se vende. Ni se disculpa. No es noticia de urgencias ni de primer orden, siquiera de lavadero municipal: Es insulto grave capaz de cambiarlo todo y reconsiderar los sentimientos del corazón. Habrá personas que no le den importancia y otras habrá que les rompa el alma, pero no se puede negar que el asunto es grave. Y para mayor gravedad la última palabra la tiene quien insulta. De guaje, ya sabía que no es lo que se diga sino cómo lo tome al que se lo digas. Verbigracia: Yo, a usted le insulto, y se puede reír o darme dos hostias. En la Violencia de Género, quizá por eso nos queda tanto camino por andar, insultan a una mujer y no se atreve a sentirse insultada porque si se siente insultada y pega el grito al aire, ¿comprenden? Y de vuelta a quien tiene la última palabra: nadie debería vivir de rodillas. (A pesar del quebranto y los mutuos agravios, el olvido es la única opción posible, si realmente hay amor). Gracias.

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