martes, 26 de julio de 2011

De tu vida un secreto

Más allá del cenit del pensamiento tenemos a nuestro alcance miles de objetivos, todos son excelencias de la vida, sin embargo, quererlas alcanzar sin estar preparado resulta arriesgado. No conviene seguir un camino sin reflexionar, y menos sin adaptarse a sus costumbres (donde fueras haz lo que vieras), porque los prejuicios fatigan y pueden aniquilar el germen placentero de la vida y hacer brotar lo peor que llevamos dentro. El equilibrio entre dos puntos permite la armonía: Para que la esencia íntima del sentimiento que pudiera estar prisionero en la profunda versatilidad que habita más allá de la consciencia, la idea primigenia es la ignorancia del hecho. Generar impulsos turbulentos permite abrir de golpe las cortinas de la sinrazón y caer en la antípoda de la parálisis dando lugar a la salida violenta de las fuerzas incoercibles que anidan en el espacio más profundo de la inconsciencia y que conducen a ninguna parte... Es probable que la reflexión que hoy me anima a escribir sea de tal complejidad que pudiera entrar yo mismo en contradicción. Pero es la única manera que conozco y sé que entiendes para decirte que las razones que te llevaron a darte por vencida fueron intransigentes en su forma y absurdas en el fondo. Dejarte llevar por el arranque de la propia proyección oscura de tu sentimiento fue un error. Hoy, muerto el sentimiento que te aterraba, tus íntimos asuntos giran en torno a la impotencia que sientes ante los fuertes oleajes de un pesimismo entorpecedor y las brisas de un mar fuera de tu alcance. Para que el canto de la mañana se escuche en todos los rincones es necesario que desveles tus sueños... De tu sinceridad queda la magnitud histérica que convulsionó al mundo. De tu vida un secreto. De tu amor queda el mío. Descansa en paz. (No se te ocurra reencarnarte o joderle la exclusiva de la resurrección a Jesucristo).

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