martes, 17 de mayo de 2016

Echo en falta mi mirada.

Después de darme cuenta, porque uno tarda en darse cuenta de casi todo, que no veía las letras de los diarios ni lo que escribo, o lo veía borroso, me armé de valor y llamé al informático. Si hablo de valor es posible que sea valor heroico porque me cobra lo que no tengo por venir y preguntarme qué me ocurre. -A mí nada o importa menos, se trata de que no veo las letras en la tableta: las veo borrosas y el cristal lo tengo limpio como una patena. -Déjeme y no estorbe. Y pinchó con el cursor en tres puntos situados estratégicamente en la esquina superior derecha de la tableta y apareció ajustes y en ajustes volvió a pinchar y apareció accesibilidad y entonces ajustó el texto a tamaño enorme 180%. Y ahora puedo leer. Ni un milagro de la ciencia moderna. Me cobró 90€ incluido el desplazamiento y muy agradecido. -No dude en llamarme cuando tenga un problema de vista. -Calle por Dios, naturalmente. Más tarde avisé al restorán para que el sábado no me pusieran Moët & Chandon con el caviar que estoy resfriado... Ni caviar. Mejor una tortilla francesa.

Veo mal, tengo unas gafas que me graduaron y sigo viendo mal. No quiero renunciar a escribir. Llegará el día que tendré que tomar la decisión de dejar de escribir, y también de leer y salir de casa: las farolas siguen ahí. Como las familias que o pagan la luz o dan de comer a sus hijos. Estamos rodeados. No es cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver. Nos gobiernan grandes videntes y yo quiero ver y de pronto a muy pronto no podré pagar la factura para ver y no veré. Como las familias que no dan de comer a sus hijos porque siguen sin trabajar y no les llega el dinero que no tienen. En este país se pasa hambre de pan y justicia. 

Siempre tuve miedo a correr riesgos, me asustaba la posibilidad de equivocarme. Y ahora, en los años altos, eligen por mí y veo por 90€. Puedo pagar 90€ y agradecido. He ganado confianza y perdido vista. Y la esperanza al leer en prensa que no somos hijos de una misma patria en este país. "No son buenos los extremos aunque sea en la virtud". Santa Teresa de Jesús.

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