domingo, 10 de abril de 2016

Amigos pascueros.

Me dejé llevar y un descuido he vuelto al mundo insoportable de las redes sociales. No digo que haya abierto una cuenta en uno de esos sitios para olvidar, digo que en un descuido, con el perdón, me dejé llevar a un bar de celebraciones con amigos pascueros (así se hacen llamar a los amigos que fueron y son una vez al año en el pueblo de Patricia) ¿Y sabe qué? Que las redes sociales fueron el invitado de honor. Yo no quiero ser esa persona de los que todos y todas estuvieran pendientes por si me fuera sin haberme ido (ay, llevo un par de semanas...), pero oiga usted, lo de estar sentado a una mesa con ricas viandas y los allí presentes móvil en mano tecleando el abecedario de una lengua disminuida tampoco. Una sociedad bipolar se ríe a carcajadas escasa de dignidad, insulta y copia a los ilustres de las frases hechas. Una sociedad sin inspiración babea sobre la incontrolable necesidad de escribir cuantas más barbaridades mayor la celebración. Emoticonos alusivos, fina ironía que interpreta el arte de dialogar con escasos caracteres. A uno le tiemblan las manos y no puede sino teclear dos letras a la vez -o dos o tres- de tan minúsculo invento del demonio. Un sinsentido. (Amigos pascueros, si no nos volvemos a ver en un año, en el mismo lugar y con las mismas risas. Y no olviden su móvil).

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