miércoles, 16 de noviembre de 2016

La superluna.

La luna más grande, la más brillante. La luna de noviembre ha llegado a su fase llena, la mayor desde 1948. La luna, uy, uy, uy... La superluna.

Desde que me enteré lo de la superluna llevo días recordando a dona, la imaginé como cada día y soñé con ella un sueño capaz de levantarle la falda a la luna. Cada noche lo intentábamos de una manera u otra y no lo conseguimos. La luna no se dejó, se mostró escurridiza y dona murió sin conseguirlo. Por tres noches esperé que la luna se asomara: no hubo forma. Y no vale la televisión para ver la luna más hermosa. Hay imposibles en la vida y en la muerte.

Imagino que si la Agencia Meteorológica hubiera querido y la noche con intervalos nubosos que fueron nubosos sin intervalos en Les Seniaes... Apenas es un sueño. Sin dona la superluna es una quimera. 

Pero no quise aceptarlo y esperé que en un descuido tal vez las nubes me dejaran apreciarla brillante y no. Supongo que el cielo sabe que dona solo vive en mi mente. La luna no se dejó ver en les Seniaes. Y qué importa si la luna grande, pequeña, menguante, creciente o difuminada entre intervalos nubosos si no está dona. No está dona, y qué importa si la luna desde el cielo no engalana con su reflejo el azahar de los naranjos, ni los caminos, ni el atajo con tu nombre de musa. Y qué importa si no está dona. Esta noche, deambulando por Los Seniaes una musica silente me asistió. Nada altera la monotonía, como mucho algún olvido. No recuerdo siquiera la maldita hora. Gracias... (de nada).

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