Nada parecido al amor cuando acaricia a una mujer muerta, y lo hace de extraordinarias formas para hacernos saber cuan consciente es de cada paso que damos en su busca, cada pensamiento, cada alegría, cada dolor, cada 12 de marzo y una mirada de soslayo. El amor es egoísta, narcisista. Una mujer sobresaliente. Una mujer casi santa acaba de morir. Paz a sus restos. No es que crea, no creo, pero estoy aquí, te siento toda apoyada sobre mi hombro, y mis manos acariciando tu cara. Me embriagué de ti, te quise desde el primer día. Entiendo que estás muerta, si es algo posible de entender. Nada de ti me es ajeno, te llevo al día y vienes de tu pasado a mi futuro para avisarme de lo peor. No te imaginas cómo me siento. Cuándo menos te lo esperes me mostraré ante ti y recordaremos los buenos momentos, en especial el de la promesa que me hiciste con la mano en el corazón al darme tu fotografía... En el amor, cuando una mujer te regala su fotografía, ya le has robado el corazón. Iré en busca de lo mejor que hay en mí para seguir amándote... La primavera pronto llegará y las mariposas libres sin echar el vuelo aletearán el azahar y deshojarán sobre tu cadáver para amortajarlo. (¿Quién eres? No importa, a pesar de ti misma me quisiste. Estaría dispuesto a morir y resucitar contigo por amor. ¿Pero quién eres? Eso ya no importa). Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario