martes, 4 de marzo de 2025

Escribir y leer (y dos).

No recuerdo lo de ayer, pero vale la pena escribir y leer. Escribir, escribir reviviendo el pasado por la vía del inconsciente. Tal vez vivencias que no tienen que ver con la realidad, o una duda pendiente de despejar, que tampoco. De ahí que la destreza de escribir posibilita dentro de un estado alucinado algún pasaje de la vida cargado de angustia, de pena, o del más húmedo beso. Buena parte de lo que uno escribe son invenciones o verdades a medias; la verdad siempre se reserva para el postre. Confieso que de cuando en vez me pierdo y no me encuentro. Soy mejor lector que escritor, con el perdón de los escritores. Por eso cuando leo a un escritor de talento busco dónde se encuentra la verdad, la mentira, la distracción. Dónde están sus experiencias y si las utiliza para mejorar el texto. Me mata leer a escritores de talento. Me carcome la envidia. Escribir y leer crea una adicción que se vuelve vengativa. Te pones y eres incapaz de dejarlo. Escribir es vivir en un mundo paralelo. Y leer crea cierta incertidumbre, o una profunda melancolía, o ganas de asesinar al autor: en cualquier caso, aprendo. Me mata no saber. Leer es una aventura maravillosa en la que empiezas como simple espectador y acabas de protagonista. La desazón del suspense y el final inesperado. (Quién iba a imaginar que el juez era el asesino... Y acabo de comprar el libro). Gracias.

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