domingo, 10 de febrero de 2019

Espero curarme de ti.

Ayer prometí una confesión en toda regla y aquí la dejo: soy de palabra. Mi esposa asegura que los domingos no hay Dios ni María que me soporten. Y sí, todo viene por decir la verdad, me sienta mal cantar la verdad, yo no soy de mucho decir la verdad, y peor escribirla en de soslayo. Un dilema se me presenta cada domingo al obligarme a ir a misa y cantar la verdad. La obligación no parte de una promesa ni de una fe religiosa de la que carezco, parte de un poema de Jaime Sabines. Los domingos se juntan las verdades y las mentiras de mi vida. Les dejo con Jaime Sabines y "Espero curarme de ti". Gracias.

Espero curarme de ti.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar? "Se hizo de noche". Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Solo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

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