domingo, 19 de febrero de 2017

Duele lo que duele.

Sí, me duele el juanete, lo confieso, y más cuando hace frío. Y me duele la cabeza sin motivos. Y también me duele el alma cuando me atarantan. La cabeza me duele sin motivos y me duele el juanete cuando hace frío y me duele el alma cuando me atarantan. Esto va para Viernes de Dolores.

Pues no, eso creía y no. Doler me duele, pero no porque hace frío, o sin motivos, o cuando me atarantan, me duele cuando me duele porque el cerebro quiere que me duela. Hay que joderse. Un Instituto de Ciencias Cognitivas de un país extranjero sin extranjeros, asegura que el dolor depende de la interpretación del cerebro. Me gustaría explicar lo que me resulta inexplicable. Vale que me duele la cabeza y me duele el alma, y no digo que el cerebro no tenga que ver al estar situados en la misma reliquia del pasado sin atar: cualquier movimiento brusco se entremezclan y a doler, pero el juanete del dedo gordo del pie nada tiene que ver con el cerebro, ¿verdad que no?

En los años altos creemos lo que creemos y se nos convence mal de lo contrario. El dolor provoca adhesiones en la gente más joven, en la gente menos joven no, nosotros somos más de todo y de yo más. Lo nuestro es de más dolor y siempre peor que mal. ¿Cómo estás? Mal, o muy mal. A pesar de saber, como sabemos, que lo malo a veces lleva a ver lo bueno de las personas. Duele la vida, duele ese amor que desencadena decisiones inmaduras por egoísmos o vaya usted a saber. Somos lo que somos con naturalidad, y duele lo que duele sin aparentar, a veces el juanete, la cabeza, el alma, pero oiga, si el dolor se acompaña con lágrimas de cocodrilo para dar pena con el fin de alcanzar un propósito de mala vergüenza (tengo pruebas, ojo), se puede ir por donde ha venido. (Y pensar que llegué a creer que podía ser un malentendido). Duele lo que duele. Y donde duele. Y cuando duele. Gracias... (de nada).

7 comentarios:

  1. Cantinflas no podía haberlo dicho mejor. De que te duele el juanete lo tengo claro lo demás no
    preguntes. No pidas más de lo que puedo dar.

    Seguiré durmiendo. Estoy recuperando el sueño atrasado de dos noches en vela.

    Sé feliz o desgraciado como quieras. Con que seas tú me conformo.

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  2. Soy feliz. He dejado de ser lo contrario; no me llevaba a ninguna parte, lo he comprobado. Gracias. Beso.

    Salud.

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  3. "Me paro de pie" aplaudiéndote sin parar. ¡Bravo! Nada hay en la vida mejor que ser lo que uno elige. Mientras no cambies tus letras a color rosa optimismo y las conserves con ese toque de inconformidad gruñona me tendrás anclada a ty mar. Es que ¿Sabes? El optimismo y yo no nos llevamos muy bien. No es que nunca lo sea simplemente no es algo que me guste ser. Me suena a engañarse uno mismo. Pero ya que de eso no hablo.

    Decía que el día que tus letras dejen de ser soslayescs, levaré anclas -no, no llores por mi jaja- ¡A por la gloria galeotes!- me iré sin mirar atrás. El poeta encontró el amor literario que la musa del mes de Abril le negó por no creer en él. Ya no hay razón para seguir.

    No perderás mucho, musas hay por doquier. Más se perdió en la guerra y el mundo sigue girando.

    Sé feliz de soslayo yo seguiré siendo feliz pero un poco desgraciada como mi epitafio lo dirá. O no mejor dirá algo más concreto: Dios me hizo desgraciada pero no se me da la gana.

    Y ya me voy porque el iPad no me deja ver lo que escribo y seguir sin puras tonterías


    Abur poeta (no te mueras nunca).

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  4. Si sigues dale que adale al palique, platicando, amanecerá y adiós los felices sueños. Beso.

    Salud.

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  5. Tú tienes la culpa pa' qué me contestas.

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  6. Que descanses... Beso de buenas noches.

    Salud.

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