jueves, 16 de junio de 2016

Al fin en casa.

Veo a Ian y luego me miro yo: vaya dos. No es por darnos importancia, insisto que hablo de Ian y de mí. Tenemos esa edad que enamora a cualquiera. Parafraseando el anuncio de la tele: por dentro estamos muy bien pero por fuera estamos de moja pan y come. O sea, mucho mejor.

Me ataranta Valencia y más las noticias de los diarios. Es llegar a casa leer así por encima los titulares, y uno al azahar: "La policía cerró una residencia de ancianos clandestina". Dormían hacinados. ¡Joder, dona!. Contribuir a la vida no evita el abandono. Casos de abuso a menores y maltrato a los mayores, y de género, y de autoridad. El menoscabo humano es un crimen. Protección a los más débiles por parte de las autoridades y la ciudadanía para que, cuando llegue ese día: “Cuando llegue ese día, volverás a ser polvo, porque polvo fuiste, y el espíritu volverá a Dios, pues Él fue quien lo dio”. Eclesiastés 9:7. Qué triste, después de haber vívido convertirte en polvo. De ir al cielo o al infierno no sé, de lo demás tengo pruebas. Y no es bueno. Se deteriora la convivencia, la vida nos inquieta porque nada está escrito con antelación. Vivimos una incertidumbre de injusticia social, respiramos aire viciado, egoísmo de lo peor, resentimientos que celebran el retroceso del amor y la santa poesía. De ahí los titulares en prensa, de ahí la gravedad de los hechos. El drama que vivimos, la tragedia si es más. Disculpen, tomo café y voy a gritar a Les Seniaes.

No tengo el día altanero. Empecé bien pero Valencia y los titulares en prensa... Mejor me apeo por hoy. Mañana intentaré escribir un día feliz recordando a Kristel. Con el perdón. Sean felices.

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