lunes, 9 de marzo de 2026

Ayer me volví a ir.

Ayer ocurrió una cosa muy rara: me olvidé del mundo y el mundo se olvidó de mí. Ayer me volví a ir. En realidad, no es nada raro, es habitual para mí irme sin haberme ido y regresar o despertar; es decir, no me moví del sofá, como me consta que le ocurre a mucha gente, la mayoría desconocida para la neurología, a la que, cuando me atrevo a salir de casa les pregunto y me dicen que no saben. Estamos bien jodidos. Los psiquiatras no sanan, te recetan pastillitas de colores. Y los neurólogos, tres cuartos de lo mismo. A mí la psiquiatra, ni fu ni fa. En cambio, la neuróloga, la tengo en los altares. Los profesionales de la salud están en periodo de extinción. Y eso es la muerte. No hablo por mí, yo tengo un plan. Un plan, y qué gracia, a cara perro se lo dije a la psiquiatra y quiso dar en loco (es joven y acabaría con su futuro). Ella no lo sabe, pero yo siempre tengo un plan. Cómo no tenerlo si vivo la edad de la autoestima, la sabiduría y los consejos. A esta edad, lo único que no sabemos es el día y la hora. En fin, la Facultad de Medicina impaciente espera -"no ni na"-, no seré una carga para la familia. Gracias.

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