domingo, 13 de julio de 2025

"Un paisanu ye un paisanu".

Esta mañana mi esposa se levantó inspirada y desayunando me dijo que al fin había aprendido a hacer lo que quiere, y que le importa un carajo si es lo que debe. Mi esposa no hizo lo que debe en su vida. Como Trump, lleva sus antojos donde va y revela prácticas fascistas parecidas a la palabra del "irrepetible". Como la ranchera: "... y mi palabra es la ley". Su palabra es la ley y la resignación, mi destino. Soy un marido mandilón. Me avergüenza confesarlo, pero es mi modus vivendi desde que nos unimos en santo matrimonio. Ese día cambié mis principios por falsedades y subterfugios al margen del contexto. Ahora acostumbrado a lo que hay como un quinceañero enamorado, mi mente absurda no es capaz de librarse de la sumisión. Me tomó la delantera leída por su mamá y hasta hoy. Un domingo de ir misa y cantarle al cura la verdad se lo canté, y me cantó: "Dios no te ha llamado a sobrevivir, sino a vencer, porque fuiste creado con un bosquejo divino de fortaleza y propósito. Si te sientes atrapado en una versión engañosa de ti mismo, recuerda que eres esencia, tu propósito y tu determinación". (No sé yo, la canción del cura cuela, lo demás, ay, duele, aunque "un paisanu ye un paisanu, aunque-y pegue la muyer"). Gracias.

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