En medio de la algarabía que había en la calle: eran las diez de la noche y tenía que acostarme. Joder, dona, podía esperar un poco, no mucho, si espero me desvela la noche y luego no me importaría salir a la calle e integrarme en la algarabía. La dama que vela mis sueños me tiene terminantemente prohibido pasar de las diez de la noche sin acostarme. Me tengo que acostar antes de las diez y dormir, que esa es otra, aunque también tengo que tirar la basura al contenedor verde o amarillo o gris, qué quieren qué les diga, además, y a pesar de los pesares, soy daltónico: menos la lotería me toco todo. Para salir a tirar la basura busqué desde la ventana caras conocidas en la calle y estarían en otra calle... O ya se habían ido a Benidorm antes de comenzar la algarabía. En el Pueblo de Patricia son mucho de algarabías, y del atronador ruido de tambores: pom, porrompom, porrompom, pom, pom, y de ir a Benidorm, como si allí se pudiera dormir. En Benidorm, además, hablan inglés, no imagino cómo se entienden, y, por si fuera poca tanta algarabía, se confunde la noche con el día. Y tanto, tanto ruido. Yo estuve en Benidorm y no vuelvo. (A veces uno echa en falta la tranquilidad en el Pueblo de Patricia sin salir de él). Gracias.
P.D. No eran las diez de la noche, eran las cinco de la mañana. Tenía que acostarme, dormir, y pasé la noche en vela. Para los bebés, para los que trabajan de madrugada, para los mayores, para los enfermos, para los que tienen que respetar un horario las cinco de la mañana no son horas ni para saber dónde dejamos el coche. Aún ahora, las seis, hay quién lo busca.
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