miércoles, 12 de febrero de 2025

Joaquín Sabina.

Joaquín Sabina es un hombre de ciencia definición, puesto que siendo una síntesis de sí mismo todo él queda reducido a su extraordinario talento. Advierto, para que nadie se lleve a engaño, que podría tener asuntos ineludibles por zanjar. Sabina es sensible, lo describe y a la vez lo disculpan sus composiciones poéticas. Todo él se resume a sí mismo, no hay otra posible comparación, ni existen señas de identidad figurativa, distinción o descripción; ninguna referencia para ubicarlo que no sea en el espacio de sus convicciones y sus principios. Ni coordenadas para hallarlo si le diera por perderse. Sabina tiene porte conclusivo, no existe sensación moral en su aspecto ni ridículo eufemismo; sofoco de grandeza, recelo ni pecado, más allá de su doliente persona tocada de excelencia. Es persona de modesta vanidad y egoísmo democrático que no le disgusta ni cansa parecerse a sí mismo. Claridad de juicio a veces, enunciados geniales, salidas de pata de banco brillantes. Acento de poeta. Hablo de Sabina, Joaquín Sabina y su explosivo sarcasmo con la rara propiedad de no herir al oyente nada más que lo justo, pero golpeando a su destinatario hasta el dolor. Hábil y dispuesto para la palabra que no considera réplica, pues no se obliga a decir la verdad. Personalmente, me fascina que sin lastimar la palabra su decir sea tan deslumbrante. Escribo al genio creador Joaquín Sabina, cantautor, tutor de la palabra, poeta del amor bien entendido, trovador de la vida. El Sabina.

En de soslayo. Miércoles, 12 de febrero de un cumpleaños feliz.

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