En el cementerio de las relaciones rotas hay epitafios interesantes y dignos de reflexión. Existen más corazones que almas en el cementerio. Relaciones por despecho. Algunos jugaron al peligroso juego de difamar desde el rumor sin confirmar, sin utilizar el rigor de la verdad, aun conociéndola. Con la mentira, fusilaron. Una llegó a destacar, y no por sus agudos análisis políticos, sino por su propensión al insulto y la burla, la ignominia, al abuso de poder, mientras que otro brilló por irreverente. Hagan memoria o simplemente revisen X o Facebook. Toda relación trae consigo un propósito estos días, nada es por nada. Atentos a estos epitafios: "Comencé a morir cuando me pediste una relación". "Todo fue por nada". "Me encontré cuando te perdí, pero estabas muerta". Y el último con recado subliminal: "Cuando te saqué de mi corazón me mató el orgullo". Hasta el momento en que esto escribo nadie ha mostrado una sola evidencia de que las cosas que mueren no resucitan, por eso, atentos, que volverán como las oscuras golondrinas, redefinidos objetivos, volverán. Y es que en ningún pueblo, en ninguna sociedad que convivimos puede uno descartar el poder inmaculado, y menos ahora que Donald Trump ha desempolvado la noción imperial, "Destino manifiesto", como doctrina. (Dios escogió a Donald Trump para gobernar en el mundo). Gracias.
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