Las ciencias puras sirven para entender el mundo, las ideologías para explicarlo, o quizás acreditarlo. Desde que tengo uso de razón político la lucha ideológica se resiste a morir, porque a través de ella intentamos descodificar la realidad para poder manejarla. Desde esa lógica, cada aspecto de lo ordinario encuentra motivo para ser justificación de existencia, y vale para el marxismo con la lucha de clases como para el capitalismo con su mano intangible. Volver al viejo discurso tal vez parezca desfasado, pero no lo es. Y no importa que ya nadie lea a Friedman o Hayek, o que nadie lea a nadie, lo que importa es que al más alto nivel se siguen asumiendo posturas ideológicas como excusas o motivos para justificar posiciones (y decisiones) políticas. Nadie explora nuevas estrategias. Ahora toca el populismo y la demagogia, y frente a eso no hay más honestidad intelectual que la izquierda. Ni hablar de la supremacía moral que se niega a llamar a las cosas por su nombre y elige apelar a los argumentos de la lucha contra el imperialismo (y su metamorfosis fascista) mientras obvia que el principio fundamental de la democracia es el derecho a elegir y a ser elegido, y que este si no está siendo pisoteado cuesta entenderlo. Gracias.
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