Nacemos con la capacidad para elegir entre el bien y el mal, pero elegimos a Donald Trump, que es el verdadero poder de decisión, es decir, la elección correcta, el único que certeramente no se equivoca con la particularidad que prefiere el mal. A lo malo le llama bueno con decisiones viciadas, ejemplos retorcidos para extender la pobreza por el mundo y enfrentar a las naciones. El desmadre que importa del infierno y que empuja al estercolero las políticas que considera fallidas. El desorden mundial. La verdad nos hace libres y la libertad que se avecina nos hace esclavos y, como tales, nadie entiende que Trump, Donald Trump, viene a cumplir una misión del Señor Dios, visible solamente para quienes no miran más allá de la curva de sus narices. En adelante seremos libres y seremos esclavos. A dónde nos lleva este sistema incomprensible de aranceles sin control con base a sus antojos y los de sus filántropos multimillonarios. No imagino la entrada en pánico mientras unos aplauden y otros echan las manos a la cabeza. Nada bueno espera. En política, la gran virtud es la lealtad y todo lo demás es corrupción y amor fraterno. Pues entonces yo me declaro más papista que el Papa, perdón, quise decir Trump. Gracias.
P.D. El principio de Hanlon establece que: "Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez".
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