viernes, 20 de diciembre de 2024

Frente a la muerte.

Suele pasar en personas con el conocimiento minuciosamente claro. Personas que obran lo correcto, pero que, de cuando en vez, y quizás a sabiendas, toman el camino incorrecto y lo justifican con disculpas de viernes de mercado: son personas retorcidas en todas sus formas. Uno advierte que cuando exageramos en algo que tenemos en frente, generalmente, lo que buscamos es amortiguar el golpe emocional de lo que, sin lugar a dudas, tarde o temprano, nos tendremos que enfrentar. Y nos anestesiamos porque de momento no nos alcanza la madurez, la motivación o la fuerza con el valor preciso para tal fin. No somos personas, ni buenas ni malas, somos mala gente; sí, hipotéticamente. No, no somos personas. Humanamente no nos merecemos. Joder, dona, soltar la autosuficiencia, deponer la venganza, dejar dormir la mezquindad. O no. Yacer en ti, eso quiero. Desde Les Seniaes te propuse un trato: mírame bien y te miraré mejor, y estaré a la altura de todas tus locuras. El silencio que espera el momento para proceder por cobardía es despreciable. Y aparece el consejo de un güelu: el tiempo que nos queda por vivir, comencemos a vivirlo para siempre. (Frente a la muerte, ay, solo importan los recuerdos). Gracias.

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