En vez de pasar de largo paraste y le cantaste uno de tus boleros venenosos. Para llegar a mí no necesitas a mi esposa, a mí ya me perdiste. Un día morirás y no resucitarás jamás. Porque de morir hablamos tu veneno no mata, sino a ti, y hace daño a los tuyos. Quiérelos un poco. Tienes una posición sin responsabilidades, una posición... quiérete también un poco a ti. Si con relevancia política no supiste ver lo que tenías delante de tus ojos. ¡Oh, claro!. Torpe de casi todo, no fuiste capaz de entender, ni siquiera imaginar mi discurso, peor quien no conoció tus estados de ánimo, o las entrañas del mal: no sabes cuidarte de lo perniciosa que eres, ojos de víbora, luces repelentes. Toda tú disfrazada de fallera. Ventajista, chantajista. La alevosa que simula empatía. Le cantaste y le sugerí que te cancelara sus dones espirituales. Seguiremos hablando, ya que te encanta ser lo que eres y que te lo digan a la cara: ¡víbora!. En fin, gusto de saber de ti, doña, saludos en casa. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario