A pesar de que me he declarado agnóstico, no he conseguido deshacerme de las angustiosas celebraciones navideñas que, como cada año, me llevan al borde del colapso. Conste que hoy en día una declaración de agnosticismo es un derecho que la mayoría respeta. Ejemplo: cuando se inicia una conversación en mi presencia y deriva hacia lo religioso me voy haciendo un seductor silencio de militante agnóstico y la gente lo entiende, o no sabían de mí y ya van sabiendo (espabílense porque no les daré más pistas). El acoso navideño es de una naturaleza tan implacable que uno se puede enterrar entre las arenas del desierto que aparece el cartero con una postal navideña personalizada con el día de la próxima revisión dental, de paso. Y cuidado con los regalos donde "lo que importa es la intención"; la repartidera de regalos ha causado más repulsas que el conflicto que mantuve con "la que no debe ser nombrada", según Harry Potter. Nunca supe de qué iba su juego sin normas (entre iguales, sin normas, ¡estúpida!). Las tristezas, y en particular las ausencias, se agravan en Navidad. En fin, allá cada cual, yo elijo perderme en Les Seniaes. (Quién lleve la farándula teatral estos días que me excluya de la Navidad). Gracias.
Si de mi dependiera,
ResponderEliminarquitaba las navidades,
los carnavales, y las
fiestas patronales,
un saludo.
Orlando: Mal te llevarías con los sindicatos y los monseñores. Cuenta conmigo si te sirve de consuela. Gracias.
ResponderEliminarSalud.
Con los monseñores,
ResponderEliminarhace ... ni sé los años
que no me acuerdo de
ellos 😂
Sí, Orlando, hay que tomarlo un poco a risa. Gracias.
ResponderEliminarSalud.
¿Faltan tres horas? nah, menos o tú dirás.
ResponderEliminarYa menos... Felicidades. Te quiero. Beso.
ResponderEliminarSalud.