martes, 2 de septiembre de 2025

Poesía muerta.

"El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive". (Fiódor Dostoyevski).

Un respiro profundo para ahogar un sentimiento, un momento imaginario de coexistencia maravillosa (una estrella fugaz), un suspiro con los párpados calados, una oración entre los dientes y el corazón en el puño. Qué poco te has querido. Tienes un punto ciego en tu mirada que te impide ver en la penumbra (cuando nadie nos vio... No debiste dejar de abrazarme). Fuiste libre para elegir y elegiste lo que más te interesaba (lo que más te interesaba no fue lo que elegiste). Y dejaste resbalar una lágrima por tus mejillas. Una lágrima resbaló por tus mejillas... ¿Recuerdas? Nos vimos en la penumbra (no fue casualidad), nos abrazamos y dejaste resbalar una lágrima por tus mejillas... Sucedió, no es fruto de mi imaginación, tal cual, no debiste dejar de abrazarme, cuando menos hasta explicarme por qué lanzaste bombas de racimo contra lo que encarno: la familia, y los hijos primero. No te importó su cuerpo ensangrentado. Un punto ciego en tu mirada, la penumbra y tu elección: sabías lo que hacías. ¿Acaso no recuerdas los latidos de tu corazón al abrazarme en la penumbra? Fue música para mis oídos. ¿Y ahora? (En tu corazón ocultas más de lo que crees y sigues ahí, obsesionada, intentado revivir la poesía muerta). Gracias.

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