viernes, 23 de mayo de 2025

Un beso casto... y más.

Habiendo solicitado a la mujer de ayer un beso casto de despedida, la respuesta no pudo ser más cortante: "¡A la mierda!". Desde hoy, la mujer de ayer, será recluida en una cárcel de máxima seguridad. Para un posible arrepentimiento, haré acopio de una máscara de hierro y un rollo de esparadrapo. El esparadrapo será ancho para que cubra los labios. Más adelante, si me restablezco de este homicida sentimiento de desprecio que me extorsiona el alma, estudiaré la posibilidad de cambiar o adaptar la máscara de hierro por otra más flexible que le permita hacer muecas algo sutiles, abstractas, etéreas, de manera que pueda reconocer el desprecio y pedir el perdón con un guiño o un gesto sugerente. Pero eso sí, los pensamientos y los deseos serán libres. De momento, hasta un cambio de postura, si de haber la hubiera, no habrá un de soslayo confidente, ni evocador, ni una mano y un brazo pegado a un hombro. No habrá más sentimientos compartidos en la luminosa oscuridad. Faltó un decir sincero para comprender la negativa a un beso casto... ¿Habrá otro en su vida? ¿Quién ahora y no antes la adora? Uno quiere borrar del tiempo y la memoria la historia de la mujer de ayer que ultrajó un beso casto... y más. Gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario