En casa, de siempre oí que son malos tiempos, que no llegamos a fin de mes, que esto va de mal a peor y que no sé dónde vamos a parar. Mis padres repetían lo que otros decían, españoles decentes, que diría Feijóo, sin embargo, mi güela sabía que tarde o temprano se iría el "irrepetible" y llegaría otro, también en nombre de Dios. Mi güela murió. Murió el "irrepetible". Y sí, en nombre de Dios, llegó por el camino del manicomio otro. Mi güela lo sabía y el triunfo de Trump (el otro) lo confirma. El mundo es un torbellino ideado por el mal donde se revela prescindible la democracia para alcanzar los cielos y con ellos el poder, algo impensable en una democracia como Estados Unidos. Ahora sí que son malos tiempos de verdad. "Vengan y verán" -les dijo Jesús el Cristo-, que mi güela tenía razón: Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamín Netanyahu. Tal vez las "armas de destrucción masiva" de Saddam Hussein hoy por hoy les importaría nada, como a Aznar. Lo tengo escrito por ahí: "Una democracia donde la verdad ha dejado de ser importante está en peligro". (El ciudadano elige qué leer, a quién votar, a quien seguir y tras él, por subsistir, van los medios de comunicación sin apenas credibilidad en busca de la verdad). Gracias.
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