Confieso... No soy santo de mi devoción, ni devoción tengo, pero no me caigo mal del todo. No es de gente educada cantar penas sino al cura los domingos (y sea por mantener el puesto de trabajo: tenemos jefe nuevo en la oficina y no sabemos cómo respira... Uf, los del Opus ya saben cómo respira. Si Josemaría Escrivá de Balaguer levantara la cabeza. Dios mío). Al cura los domingos y a los que sienta bien que pierdan todos. (Y reía). Sin ser domingo, llega una pregunta al confesionario: ¿Me arrepiento más de los golpes que me dan o de los que doy...? No soy santo de mi devoción, pero dar golpes sin tono... ¡Venga ya!. "Quien vende martillos en todas partes ve clavos". En mi defensa debo decir que un encadenado de voluntades canallas comenzaron hace años a tocarme los humildes del corazón. Perdí derechos por llevarme bien. Va una experiencia de güelu: a pesar de mi naturaleza de patio trastero, en un mundo multipolar no es de inteligentes colocar todos los huevos en una sola canasta... Y el Serrat canta: "Disculpe el señor si le interrumpo, pero en el recibidor hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted. No piden limosnas ni venden alfombras de lana, tampoco elefantes de ébano. Son de esos pobres que no tienen nada de nada... No entendí bien si nada que vender o nada que perder... pero por lo que parece tiene usted alguna cosa que les pertenece... ¿Quiere que les diga que el señor salió...? ¿Que vuelvan mañana, en horas de visita...? ¿O mejor les digo como el señor dice: Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita? Disculpe el señor". Gracias.
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