sábado, 10 de mayo de 2025

Hablando de antojos.

A mi esposa se le antoja pintar la casa por fuera. La casa está aseada, tiene un color bonito. Pues a mi esposa se le antoja pintar la casa por fuera. Y me pide que busque el mejor pintor y la mejor pintura a precio barato. Me pide un milagro. No sé lo que cuesta pintar la casa por fuera. Ni dónde encontrar el mejor pintor y la mejor pintura. Luego el pintor tiene que hablar con ella para elegir el color. El color es cosa suya. Quiere un color alusivo para que, quien se acerque al Pueblo de Patricia, se entere de que quien vive en esta casa se le acabó la diplomacia. Que de aquí en adelante todo es guerra y apesta a cosa muerta. Temo por la salud mental de mi esposa, aún sigue con el brazo más o menos y sube otro peldaño. La salud mental no tiene futuro con mi esposa. A no ser que la dama que no me deja ir le pinte la casa por fuera. Mi esposa es dura de pelar. Pienso que mantiene una lucha por dentro y a poco que le lleves la contraria se cabreó y a temblar. O no pienso, solo huyo. Llega el verano y se le antoja pintar la casa por fuera. ¿Alguien sabe cuándo entra el verano? Joder, dona, a quién importa cuándo entra el verano... Sí, trato de desviar la atención. Quiero desviar la atención o encontrar una casa recién pintada en otra calle, incluso en otro pueblo, aunque no sea de Patricia. (Amor mío, breve suspiro, mi suerte: ¿Qué fue de ti? Gracias.

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