Un Lunes de Pascua sin santos ni santas, sin monseñores, sin tambores; en relax, en silencio, el silencio, sosiego al fin. Y lo que mi vista alcanza lo vulnerable de la existencia: "Un manotazo duro, un golpe helado", que escribió Miguel Hernández, es todo lo que recuerdo de ti. Nunca viste más allá de lo que tenías enfrente y solo te interesaban variados sectores, deportivos y festivos, nunca culturales y laborales, precisamente, los que nos fueron alejando. Con tiempo y a tiempo. Oíste lo que era miel para ti. Confiar en mí y recordar quién era para ti. Y tú para mí. Fuiste vulnerable a la existencia. Y ahora más o menos estás sola ante el frío de la muerte y su inclemencia, sin alma. ¿Sin alma qué es la muerte? Cuánta vida derramada, cuánto futuro descaminado, cuánto amor desairado: vencido amor. Cuánta gente ida, ¡oh!, no solo yo. Estás conmigo al alba en de soslayo, ninguno nos ve ni nos oye, puedes hablar libremente de todo si crees que todo no está perdido. ¿Harás por verme? Me visitó con "Los Heraldos negros", César Vallejo: "Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!. Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... ¡Yo no sé!". Cuánto hemos perdido... los dos hemos perdido. Lo peor de cada uno atrapado en el laberinto súbito de la vida no tan diferente a la muerte. "A perdonar solo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho". (Jacinto Benavente). Gracias.
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