miércoles, 30 de abril de 2025

Los nuestros (se nos escapó el mes de abril).

No es cierto que un candidato enamora ante el romántico misterio de una votante de luna de verano. Tampoco es cierto que todos deben ser gordos o flacos, feos o guapos, intuitivos o estúpidos, pueden ser como yo, un tipo listo, yo no pierdo unas elecciones, voto siempre y siempre gano, ganan los nuestros, yo aprendo, aprendo por haber metido la pata en la urna y no el voto sopesado y valorado el programa cultural "a coste cero". Es falso que escriba consignas contrapolíticas en la ducha y cante boleros ante el espejo, espejito mágico. Es totalmente incierto que pase los días maquinando especulativos principios revolucionarios para que ganen los nuestros las próximas elecciones sin comunicación elocuente. Ni tengo el mal efluvio de los intelectuales con un cociente intelectual multiplicado por más de cien por mil. Ni pienso que el amor se resuelve con un teorema matemático cuya verdad no es necesario demostrar. Es más, voy más allá, después de debatir la noche entera con un candidato neoliberalista en busca de propuestas para mejorar el bienestar social, que en realidad es lo que interesa, casi tanto como las caderas de Shakira en acompasado movimiento, llegué a la conclusión de que unas y otros y otres seguimos siendo unos zotes necesarios para completar las cuotas de la ley de paridad, incluso para ser votante y/o votante. Gracias.

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