lunes, 2 de junio de 2025

Siete meses y un día.

Es la hora de celebrar la vida como un regalo. O hasta que Dios quiera dure este peregrinar descalzo y lo dé por glorificado; hora de acudir con más fe que esperanza a cantar en agrupación coral a exigir a la verdad que deje de ser mentira. A Mazón se le adelantó la muerte. Una catástrofe ambiental, una gota fría echo a andar como un muerto que camina. El agua en furia arrojó a la playa la vida de las familias. No sé qué habrá luego de la dana... mi niña... mi niña, pero un día afable no será. Ni un sol nuevo saldrá. Será la penumbra que acaso saldrá a una hora, se irá o no a otra y ya amanecerá algún día. Horas que nos pasan como un camión por encima... Mazón no dimite y Feijóo no quiere que se vaya. Ni al Sabina se le habría ocurrido una estrofa parecida. O sin imaginación fue de soslayo quien la parafraseó, con el perdón. Ahora es tiempo de reconstruir el país... o darlo por amortizado y escribir los proyectos literarios tantas veces archivados, recuerdos impíos, viejas fotografías, desamores bienvenidos o impertinentes: en todo caso la impasible realidad. Es tiempo de seguir el guion de una novela sin autor que habla de un amor y dos vidas que debieron ser las nuestras y no lo fueron por un desliz y una impericia. Gracias.

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