Esta mañana mi esposa se levantó inspirada y desayunando me dijo que al fin había aprendido a hacer lo que quiere y que le importa un carajo si es lo que debe. Mi esposa no hizo lo que debe en su vida. Como Trump, lleva sus antojos donde va y delata maneras como la ranchera: "... y mi palabra es la ley". Su palabra es la ley y la resignación mi destino. Soy un marido mandilón. Me avergüenza confesarlo, es mi modus vivendi desde que nos unimos en santo matrimonio. Ese día cambié mis principios por engaños y subterfugios al margen del contexto. Acostumbrado a lo que hay, mi mente absurda no es capaz de librarse de la sumisión. Me tomó la delantera guiada por su madre y hasta hoy. Un domingo de ir misa, y cantar la verdad al cura, me la cantó él: Corintos 15:57-58 NBV. "Gracias a Dios que nos da la victoria por medio de Jesucristo, nuestro Señor". La canción del cura no la entiendo, todo lo demás, duele, pero "un paisanu ye un paisanu" (y seis media docena). Gracias.
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