viernes, 10 de abril de 2026

Flor de María, cascarrabias, para más señas.

Cascarrabias, sin perdón, Flor de María, escucha: Cada día que tu Señor Dios te regala un nuevo amanecer, es una buena madrugada para mí. Para los dos, si estás mirando hacia el Este. Eso es un acto de su amor por ti, y santa poesía para mí. Ay, me lo pones muy difícil, ¡qué mujer!, cada día te haces más mayor y más cascarrabias. Pudiendo ser amable y cariñosa, eres una aguafiestas. Y ahora te da por tirarme los trastos a la cabeza. ¿A quién mataría yo? En este punto podría decir: No me hagas hablar, pero callar no va con mi temperamento, así que al loro: Cada día elijo pasear tu atajo en Les Seniaes para recordarte, y que los años y con ellos la mala memoria, no me alejen de ti. ¿Me lo agradeces? Cascarrabias. Otra vez tú, y a vuelapluma, has venido a desnudar la condición de vulnerabilidad por la que andamos ambos dos: Los años altos de la vida. No te me quejes tanto, que inundarás el gran océano que nos separa, y eso es tanto como vivir al capricho de las lluvias del mes de abril, volver al pasado, perderlo casi todo y traer a la memoria los peores recuerdos. Por todo esto y mucho más que omito, es la hora de querernos un poco más, si cabe, eso sí, si a tu vecino de arriba, el señor gringo de modales fascistas y prácticas imperialistas, tiene a bien considerar que siga amaneciendo. Y ya te vale por hoy. Digo. Cascarrabias. Gracias.

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