Nos vimos de lejos y nos saludamos con la mano abierta como si fuéramos dos conocidos más que amigos. O, por qué no decirlo: dos enamorados que aún no saben que el amor nace y muere, libera y sujeta toda distracción en el inconsciente, o tortura mental. A nadie le importa. Los dos sabemos que todo tiene su tiempo y no le rendimos culto a la gloria ni falseamos la verdad. Nos mueve el amor y a ti, además, estar a disposición de tu Señor Dios. Te vi, nos vimos y me entró un escalofrío acompañado de pensamientos que no quiero someter a análisis. Estabas sentada en un banco del parque con alguien que no conocí. Me daba la espalda y fue el motivo por el cual otra vez no me atreví a acercarme a ti. Quizá tú puedas cambiar el mundo, pero no puedes cambiarme a mí. Te quiero. Vivo desaparecido en ti, te quiero. Y como tú, no cedo ni me rindo. Pero lo del escalofrío al verte me hace pensar que me ocultas algo. ¿De qué me proteges? Hay cosas que parece que no pasan, pero pesan cuando pasan por nuestra mente. Sitúa tus anhelos y tus dudas donde puedan contarme y cuéntame. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario