martes, 5 de noviembre de 2024

Sigue lloviendo.

No lo volveré a intentar: la alerta pasa de naranja a roja y viceversa y sigue lloviendo. Escuchen la radio. Disculpen la mala educación. Y voy por los laureles para hablar de otro uso del condicional simple: la probabilidad en el pasado. El condicional simple se puede emplear para manifestar una probabilidad pero en el pasado. Yo, cuando hablo del pasado si lo recuerdo lo manipulo o no lo nombro. El pasado es el peor invento de quien sea. Del presente no puedo escribir, de momento, quizá. En la memoria de la sociedad queda. También, y hasta que amanezca queda, el ejemplo solidario. ¡Vixca València!. Me manejo bien con el pasado, no tanto el pasado conmigo. Esta realidad que respiramos tiene mártires y sangre. En reconocimiento a estos mártires y a tanta sangre vertida quien gobierna debe ser cuidadoso a la hora de modificar las leyes a su antojo. Hablo del derecho que tiene la sociedad a ser informada, para que no se convierta en derecho a difamar. Atentos los políticos que se sirven de la política para hacer el mal sabiendo que existe el bien. Gracias a las luchas del pueblo y sus muertos, a tanta sangre vertida, ya dije, hoy la libertad de expresión es una conquista sagrada. (Y, sin embargo, empezaron tratándose de tú, luego de usted, para acabar levantándose de la mesa y fin. Lo explica mejor Rajoy: -"¿Sabe cómo se pagaron las obras en la sede de Génova? -"Imagino que con dinero". El gobierno no se explica porque la oposición no sabe preguntar). Gracias.

lunes, 4 de noviembre de 2024

¿Quién es quién?

Recuerdo el pasado político y hasta lo añoro (ni lo recuerdo ni lo añoro). Como ahora: derechas, izquierdas y asociaciones de vecinos. Votábamos en función de lo que representaban y el futuro que nos prometían. ¿Y ahora? Ahora igual. Nuestros "líderes" (imprescindibles las comillas) no se identifican ni representan nada. De ahí que nuestra democracia sea un simple juego de oportunidades para los nuestros y ganancias personales. Despojándolos de todo y cediéndoles el cielo y el verbo que cruza el umbral de los deseos esperando ser amados por una dama en su propia poesía. Joder, dona, entró noviembre con la comunión de los santos y el recuerdo a nuestros predecesores nos invita a dirigir la mirada a los peregrinos de la vida que perdieron el rumbo. Los politicastros creyentes perdieron en la soledad de los cementerios sus propios vínculos a través de la liturgia del espectro dolorido. Una plegaria se oye con los abecedarios del silencio. Hoy más que nunca, todos estamos deseosos de una invocación a la concordia para quien aún no ha vivido. Quizás estemos cansados, necesitamos esperanza con fuertes deseos de unirnos a un mundo sin frentes ni fronteras. No hay mejor sanación para la mente que la inmersión en uno mismo. (Respetemos, entonces, a los demás tal cual se les ve en su estado natural, como a nosotros mismos). Gracias.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Gracias por nada.

Soy incapaz de escribir la debacle que vivimos. A pesar de que ayer la debacle me llevó al hospital: los mayores tenemos un plus ante la debacle. Dos hostias y a casa. Y que no vuelva. Ayer no fui noticia. No me gusta ser noticia, ni ser viejo, pero no me preocupa, como a don Santiago Ramón y Cajal: "No deben preocuparnos las arrugas del rostro, que significan pérdida de grasa". La ciencia clasifica la vida humana en tres etapas: edad adulta, 34 años; madurez tardía, 60 años; vejez, 78 años. La ciencia, como si ya hubieran inventado todas las vacunas y llevado la cristiandad a la luna, se empeña en ponerle años al hambre. Lo cierto es que llegar a la vejez es privilegio de no todos, y llegar con salud de menos, y llegar debiéndole a los usureros dinero de nadie. El Santander por un ejemplo, obtuvo un beneficio de 9.309 millones de euros en los nueve primeros meses de 2024. Los bancos ganan dinero y no lo prestan a las familias sino a precio de usura. Ni a un viejo de 78 años para pagar el alquiler y comer un plato de sopa caliente, aunque se haya plantado como yo en la edad adulta: 34 años. Una sociedad que desecha a los viejos tras haberles sacado el jugo, solo puede parir sociedades imperialistas. Joder, dona, llevo mi vida entera con la salud mental a cuestas, y con los políticos ignorantes que invierten en corrupción y no en cultura. "Siempre ha habido analfabetos, pero la incultura y la ignorancia siempre se había vivido como una vergüenza. Nunca como ahora la gente había presumido de no haberse leído un puto libro en su jodida vida, de no importarle nada que pueda oler levemente a cultura o que exija una inteligencia mínimamente superior a la del primate". (Jesús Quintero). Gracias por nada.

sábado, 2 de noviembre de 2024

Huérfano de amor.

La mejor universidad... la experiencia. No, eso no. El mejor maestro... Jesús el Cristo. No, eso no. El día más guay... el que sabes disfrutar. Sí, eso sí. La palabra sincera... la que oyes deseada. Sí, eso sí. El mejor proyecto de vida compartida... (con la vida compartida aparece la muerte en exclusiva... no debiste cambiar tus caderas de acera... Qué poco tú te has querido). Uf, qué cabeza, se me olvidaban las frasecitas hechas (va por ti): el secreto mejor guardado, el que callas; la mejor pelea, la que evitas; el logro más grande, vivir sin complejos; la mejor droga, el amor. Y aquí lo dejo que voy al tren y llego tarde. Voy a Valencia a comprar un seguro de sana razón en una clínica de salud mental. La mejor inversión... la salud mental. Sí, eso sí. Está de moda la salud mental, en la calle, en el bar de la esquina encuentras un alma en pena a voz en grito. El gobierno invierte en corrupción y sí, eso también, pero si una pequeña parte de la inversión se dedicara a la salud mental... Este país es una gran estafa. Y anteayer halloween: la doblez como estilo de vida. En la trapería de Kristel le quitan los disfraces de la mano. A mí eso de halloween me da repelús. Hace ahora mil de años "el irrepetible" lo prohibió porque los asesinos en serie se ponían las botas y esas ganas de matar las tenía él patentadas. Joder, dona, qué matraca, algún día tendré que volver al amor y la santa poesía: el mismo cuento de viejo cansa. (Ahora sí que perdí el tren. Lo volveré a intentar mañana). Gracias.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Poesía.

Para hacer sentir el peso de tu pálpito y la naturaleza hondamente humana de la impronta colectiva. La poesía tiene motivos de existencia que la cerrazón y el delirio no logran comprender como un bien espiritual de primer orden. Es cierto que veces nos envuelve el sinsentido que apoya el aserto de la utilidad con que, por ejemplo, Oscar Wilde, sentenció la función social del lenguaje poético. Estoy pensando y busco en la oscuridad del silencio un algo para escribir. Se aparecen unas luces que parpadean: ¿Eres tú, poesía? Me confundes y me haces dudar. Pienso que cierras filas con desgana el capítulo de tus días acaso agonizantes. ¿Estás segura de que es amor lo que sientes? Posiblemente no soy quien para entrar en todos tus días. Quiero escribirte, poesía, y me siento cansado. Me vuelves loco. El abatimiento me imposibilita, es el maldito frenesí mental. Todo me perturba, estoy absorto en mi desdicha. La luna ya no acaricia mi frente con sus besos de labios plateados. Es esta una percepción que quiero aclarar diciendo que no es reciente, que la luna hace tiempo que no me besa. Si al menos con el deseo de un poema y a pesar de su incuestionable relevancia ontológica. La luna me inspira. No hay duda en torno al hecho de que la poesía es la más encumbrada expresión estética de los sentimientos y la más cercana al testimonio vital del amor. El amor es otro invento humano y cualquier disculpa le arranca un verso. La poesía siempre está presente en la más radical revelación por la sobrevivencia del humano ser. La poesía precisa concentración para oír esa música lejana y crearse. Es la brisa de un mar y sus brumas; las luces de sirenas que sobrenadan en el preámbulo de la encarnación literaria. Vaga entre la palabra como un náufrago, también tiende a perseguir la muerte en las sinuosidades de la locura. Divagaciones presas en el lenguaje poético con sentido filosófico que invitan a la reflexión en un mundo atribulado por la violencia y los desafíos que requieren de la templanza y de la visión trascendente que logra quien se sumerge en la poesía. ¿Percibes mi confusión? Te veo y te sonrío, mascas un verso. Abres los parpados y me miras con ojos de luna inspiradora. Sabes que no puedo escribir porque mis pensamientos están deshidratados. El razonamiento, como equilibrio a la hora de escribir me confunde, es otra creciente propensión a dejarme envolver por vacuos predicamentos y sus tendencias enajenantes. La palabra ya no puede coordinar la concatenación de ciclos en la decadencia de mi prosa. Amanecerá un día y mis ojos verán la distancia que nos separa en una estantería de libros que serán de soslayo en otra vida, donde la poesía me hará crecer y moverme como un ofidio en la pegajosa clandestinidad de un delirio de grandeza. (Hasta que María, la Magdalena, decida en contra). Gracias.