La nostalgia me vino a visitar y creo que no esperaba mucho de mí. Será porque sigo aquí. Siempre existirá la lucha entre lo que queremos y lo que necesitamos, así como lo que fuimos y lo que somos. Lo que dura un instante a lo largo de los años nos permite recordar un imaginario real. Pues entonces, a fuerza de querer, soy quien quise, aunque el reloj marcó las horas y luzco pelo cano. Envejecer con los buenos recuerdos anima a tomar decisiones que hacen camino donde no hay espacio. Paz y amor. Mi vida no fue triste, fue jodida. Hice la mili; hasta la mili viví con miedo, después de la mili, también. Política, la política, cuanto menos ahora, de insultarme no pasan. Por aquel entonces, comunista, Nicolás Guillén me enseñó a ejercer mi ideología usando además la cabeza. Fui comunista sincero, sin excusas, fiel a mí mismo. Éramos muchos, pero los otros eran más. Y la mayoría miraba de soslayo porque llamar a las cosas por su nombre costaba caro. Problemas con los grises, la manipulación de la justicia y la falta de derechos civiles hacían de aquella vida un sinvivir. Corrió el tiempo, 1986, Gerardo fundó IU y abandoné el Partido Comunista. Un año y me afilié al socialismo marxista de la época. El PSOE nunca estuvo a la altura del Partido Comunista en cuanto a defender la democracia: de Suresnes aquí no dejaron de pisar moqueta y jugar a perder el tiempo y olvidaron lo fundamental: aplicar el régimen de las consecuencias a su gestión y acabaron irrespetando la ley. Pero eso ustedes ya lo saben. La decepción es enorme y desmoralizador esperar los rotativos de la mañana. Gracias.
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