Si no fuera porque el teléfono te lo paga el pueblo, pensaría que el silencio fue consecuencia de la escalera, de tanto subir escaleras arriba y un roto. Un día me dijiste que te llamara y te dije no, que no me fiaba de ti. Pasó el tiempo, te encontré, y te dije que estaba en condiciones de hablar contigo, aunque sin saber qué me ibas a decir. Cuando tenga un hueco te llamo, me dijiste. Yo te dije no a la cara y tú, cobarde, tararira. Tienes que enfrentarte a los problemas; casi todos tienen solución y, si no, siempre podrás culpar a tus asuntos inaplazables o a cualquier lameculos. De haberme llamado, tenía escritas unas palabras de consuelo. Vives en todos mis días, apareces en mis inquietudes, acaparas mis momentos tristes. Esperaba que llegara el día que me llamaras para tomar café y hablar de la familia, los hijos, el trabajo, el tuyo; el mío, ya sabes que yo no doy palo al agua, en fin, de cómo te van las cosas... Me cuentan que no son buenos tiempos para ti y lo que llamas política.
Bah, no tomes en cuenta lo de arriba, igual son cosas mías y estoy equivocado. Olvídalo si quieres o puedes. Por mi parte, elevaré una plegaria al Creador dándole las gracias porque, como conocidos, somos únicos. Ni en sueños. Cuídate mucho y vigila las escaleras; según se acercan las próximas elecciones y tu manera de huir cuando vienen mal dadas, tendrás que huir muchas veces y no será difícil que tropieces y bajes dando voltios y rompas una pierna o dos. Cuídate mucho. Gracias.
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