lunes, 1 de junio de 2026

Militancia ciudadana (I).

Sin ir más allá del teclado, más allá del enunciado y sus decires, añado mi grito de militante ciudadano desde un de soslayo abatido y triste, puesto que he regresado a los telediarios. A las personas silentes que en un descuido entran en de soslayo y vuelven, les doy mil de gracias. Seguiré escribiendo hasta que olvide quién soy, aunque me cuesta ser agradecido. A esos puristas recalcitrantes, enemigos de la retórica aristotélica, pueden irse en busca de otro muerto. En tanto en cuanto hagan mejor uso de su tiempo, eviten sacarme de quicio. Y a los que abusan del poder, amigos de la explotación laboral que no les importa dejar hijas huérfanas. "No los dejaré huérfanos; vendré por vosotros". (Jn.14.18.). Él sabía que se iba a morir y tenía una misión: "salvar a la humanidad". Conocer lo que iba a ocurrir le dejó libre de legados, e incluso, como buen padre, le dio esperanzas a sus hijos. El que ama la palabra no morirá si lo deja escrito. Los intransigentes de ahora han de entender que la vida es un constante cambio existencial. De ahí que a veces concentre mi discurso en las necesidades de un pueblo que se muere de inanición. No es posible vivir aferrado al pasado ni al margen de la realidad. No es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor. Anacronismo estúpido. El pasado es un referente, como el futuro una utopía. La única certeza es el punto de partida de lo realizable, y de lo que se puede hacer interpretando sentires del corazón... (Se hace tarde, mañana vuelvo).

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