De cuando en vez me siento frente a la biblioteca de casa y dejo correr el tiempo ante tu fotografía. Te preguntarás qué pinta tu fotografía en la biblioteca de mi casa... yo también me lo pregunto. Tu fotografía la tengo situada a la altura de los ojos; en ella no busco lo que el tiempo se llevó, busco tu sonrisa, que siempre será la mía. Por una fotografía no pasa el tiempo, y yo ya me acostumbré a tu ausencia. Desde que te enseñaste a fingir, empezaste a lucir tu nostalgia. Y sigues amaneciendo al día con de soslayo. Qué triste. Enfrentaste el amor, no te valoraste ni te quisiste, no te diste una mínima oportunidad. Por los pensamientos y los sentimientos que no requieren comprobación. Te negaste a hacer las cosas bien y grabar nuestros días. Ni siquiera te regalaste una última cita. De haber reclamado nuestros derechos, de ser lo que nunca fuiste. Y ya ves, yo sigo a lo mío, luchando por obtener respuestas y dar sentido a los viejos tiempos y solo cosecho lodos de nuevos polvos... No te quiero hacer daño, tú no tienes que ver con este desahogo, porque no dejé de quererte y a cierta edad el rechazo no sienta bien del todo. Creo en el ciego amor, pero no deseo que un día aparezcas por algún recodo inesperado de mi vida. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario