En estos momentos la mayoría interna de lo mío reacciona como lo ha venido haciendo siempre que la corrupción entró por la puerta de atrás a mi vida: La decepción no puede ser mayor. Los que nos gobiernan se lo llevan envuelto en papel de fino regalo, mientras las familias llegan sin llegar a fin de mes con la nevera vacía. El carrefur que no fía. ¿Acaso sería tolerable aceptar que un militante ciudadano se vendió como hombre de palabra, que resultó ser un tramposo? Y a vivir, que son dos días. Cómo olvidarme de los muertos, de tanta frustración del ánimo. Muertas las ideologías, se impone el ultra-liberalismo. El pueblo no puede renunciar a las conquistas que le garantizan la trasformación. La realidad social, las tropelías de los que se empecinan en que la gallina siga poniendo huevos. Quiera la militancia ciudadana que la debacle alcance a los que con promesas camelan conciencias hambrientas de necesidades diversas en su propio beneficio. El mensaje de Karl Marx como crítica profunda al capitalismo y la explotación de la clase trabajadora. Marx, Karl Marx, de ninguna manera puede morir. La corrupción y tanto corrupto. Malditos sinvergüenzas. El vivir al que nos arrastran no es vivir ni nada que se le parezca. Las familias tienen que tomar cartas en el asunto, deben reflexionar y zanjar esta corruptela que nos impide progresar. Gracias.
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