"El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del
desaliento. Te pareces -cuando quieres- tanto a él".
Para que yo me llame Ángel González. Es el poema en el que una amiga se inspira en tono existencial ante el deseo de vivir y la conciencia inevitable de la muerte. Aunque hayamos nacido en el mismo terruño, solo en eso me parezco a él. Ángel González es un dios poeta muerto y yo aún no sé quién soy, a pesar de estar vivo.
A una amiga la presiento de aquella manera, como cuando pasas por delante de un ayuntamiento y ves la bandera a media hasta y no sabes ni quieres preguntar. A veces saber es morir.
A una amiga le prometí escribir una canción. No me las
quiero dar de compositor de canciones, pero se lo prometí y no soy
político. Le escribiría una canción que reflejara de sus ojos negro azabache su mirada, digo escribiría porque lo intenté y me salió un
tango tristón. Yo a una amiga no le regalo un tango tristón, a una amiga le regalo una canción de amor o
un beso que es más. A pesar de que todos mis besos son de Ian. Le tendría que birlar un beso mientras, estupefaciente, mira sus dibujos
favoritos en el móvil de su güela.
A una amiga le escribiría la canción más bonita jamás escrita,
pero anda uno escaso de inspiración y torpe de todo lo demás. Mayo es
el mes de Flores a María, y pudiera ser que la inspiración de una
musa ida regresara y entonces... Hoy no me comprometería a escribir
una canción de amor. Una poesía al desamor tal vez. Lo que sí puedo es
dibujar un camino más corto o un atajo si es mejor que sin esfuerzo
se pudiera andar lento y alcanzar un final feliz. A un lado del camino
dibujaría un mar y al otro lado un jardín con Flor de María, de
todas las flores la más hermosa. También dibujaría árboles de hoja abrazadora para
descansar a su sombra. Un camino sin piedras ni hojarascas. Ni
promesas rotas. Solo vivencias extraordinarias y actitudes positivas. Y no me
olvidaría dibujar unos zapados corredores y una mente más sana y un corazón
igualito al suyo. (Y nomás). Gracias.