El sábado de cena con las amistades de mi esposa y los cónyuges. Estoy de las cenas de los sábados que me vomito. "Qué bien cené". "Qué bien me siento". "Qué bien me veo". En ese plan de no tener nada interesante que contar hasta llegar a los chismes. Hay que joderse. La cena fue cara y mala. Y si se sintieron bien fue porque no se fijaron en mi cara. De gustarse y amarse y de chismes como son nacidos y criados en el pueblo de Patricia, sin comentarios. A quién importa la vida de nadie si es nadie. Sería alguien y podría importar si se dejara ver por un corazón. ¡Uy, caí en mi trampa!. Si un corazón no te ve, si no te siente. Hazte querer por tu bondad, por tus hechos, por hacer el bien que penetra en el tiempo y trasciende. Cuando la sabiduría explica la ignorancia huye. Sé que a la vejez no la acompaña la sabiduría, sin embargo: "No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás sola, ¡porque yo te quiero!". (Mario Benedetti). Amén. Gracias.
lunes, 31 de agosto de 2020
domingo, 30 de agosto de 2020
Llamarse a engaño.
Pregunta: Llevar a engaño o llamar a engaño. Mi duda es si son correctas las dos alocuciones o no. Respuesta: Las dos son correctas, pero la segunda es pronominal. Como Jesulín de Ubrique: "En dos palabras, im-prezionante". Llamarse a engaño.
Sabemos qué nos ocurrirá de seguir en este plan de contagios a tutiplén. Alabemos al Creador o insultemos al "ministro de los coronavirus". Vale todo menos llamarse a engaño, porque el Creador, según me cuenta una amiga creyente está curado de espantos y el ministro sino uno otra. No, ni el Creador es culpable ni el "ministro de los coronavirus". De culpas entiendo.
De caminata por la orilla del río con mi esposa le expuse mis miedos y culpé a los culpables y tío no me rayes. Luego bajé la mirada y una cagada de perro, otra, ¡en el pueblo de Patricia hay más cagadas de perro que adoquines!, y dije: esa cagada es de perro y las culpas del perro no son. El civismo como norma de convivencia al pueblo de Patricia si llegó no se detuvo.
¡Civismo!. No se llamen a engaño, el coronavirus, como el calvo no tiene un pelo de tonto. Entiendo de culpas y de la vida, y no vale la pena saber si más allá de la muerte hay otra vida y es mejor. (Sí, esto es otro arrebato en estado de ira). Gracias.
sábado, 29 de agosto de 2020
Imagino.
Hacer con el quehacer diario un hábito saludable no debiera ser difícil. Imagino que será cuestión de doblegar el pesimismo, incluyo la rigidez mental vestida de ignorancia. Tal vez un libro bueno ayude a crear pensamientos de futuro alcanzables sin olvidar los sueños. Imagino que antes de nada habrá que saber qué se quiere hacer con la vida. Imagino cosas que un libro bueno no contempla porque no hablo de la Biblia sino de una revista de pasarela y va a ser imposible hacer con el quehacer diario un hábito saludable. Dejemos entonces que el dolor carcoma la posibilidad de ser feliz y sentir y avanzar y ser capaz de alcanzar los sueños y cumplir con la palabra comprometida. La palabra comprometida es comprometedora. El arma con el que los poetas explican sentimientos del corazón... Cambiar un hábito no es difícil, lo difícil es renunciar a la ignorancia y abrir la mente a la sabiduría y aprender. Aprender de la vida a sufrir por la vida y no por la muerte. (No soy un adivinador por agüeros y no imagino qué ocurrirá cuando se abran las escuelas cerradas a cal y canto en tiempos de pandemia). Gracias.