"Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él". (Immanuel Kant). Una mujer perdió la salud mental esperando que le llegara su turno en el Centro de Salud. Una mujer no estaba en sus cabales y su médica tampoco; llegó tarde y el tiempo de consulta solo le dio para lucir su cuerpo de pasarela. Una mujer no pudo esperar a que luciera su cuerpo entero y se fue porque tenía otros asuntos que atender. La medicina es una profesión vocacional, lo demás es sabiduría, educación, comprensión, respeto, y el tiempo que necesite la enfermedad para la sanación del paciente. Hablo del pueblo de Patricia y de Patricia, mi hija. Y de una médica maleducada que no reúne las condiciones necesarias para tratar a personas escasas de salud. Patricia perdió la salud mental y la recuperó -dice, y yo digo que se dé tiempo-. La salud es cosa seria como para confiar en una bata blanca con zapatos de tacón. (Si no me creen pregunten a los vecinos del pueblo de Patricia. Pero dense prisa que el cielo se está nublando y amaga tormenta). Gracias.
sábado, 5 de marzo de 2022
viernes, 4 de marzo de 2022
Rojo arrebol.
jueves, 3 de marzo de 2022
Rosas amarillas.
Tú eres la rueda y yo soy el camino, y pasas a mi lado y no me miras. ¿Acaso esperas que te agradezca que no pases por encima de mi cadáver? Anoche, ni estaban todos los que son, ni eran todos los que estaban, pero los que estuvieron no se fueron, como estuvieron de bien tus respuestas sin preguntas. Les gustan tus respuestas. Te conocen y estuviste a la altura de lo que esperaban de ti. Tú no eres de las que defraudan. Dicen que un día estuviste a esto de romper el silencio, aunque pronto volvieron las aguas a su cauce. Nunca expresaste tu disenso, tu cordial desacuerdo, y mantuviste la estrategia estilo garza que esconde la pata. Y rueda la rueda que rueda. La conversación fue expositiva, y tú nadando entre dos aguas para estar a salvo, pero al tiempo que no decepcionaste a los que te conocen defraudaste a los que esperaban la realidad de tu valía. Eres dueña del futuro de mucha gente, no del tuyo, el tuyo pertenece a otros. Tu futuro, recuerda. Hoy harás el test de lo que serán todos tus días cuando te vayas y no estés y florezcan rosas amarillas en tus dedos... Rosas amarillas. Gracias.
miércoles, 2 de marzo de 2022
Verso vago.
No subestimes el amor, ni tu capacidad de conversión. Tengo preguntas y deben ser respondidas para saber desde dentro. Si consideras que mi mundo es ausente, sombrío, indeciso; nunca tan a tu lado. Hubo un tiempo en mi vida y en la tuya. No permitas que se salgan con la suya. "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera". (Pablo Neruda).
Se podría decir que una alimaña te está royendo la conciencia. Abraza la fe de tu único Dios y embriágate de esperanza. La puerta del precipicio siempre está entreabierta para enamorados de predicamentos morales en grado de ultimátum. Simulas creatividad y esperas que llegue sin musa la inspiración para escribir la última hora. Verso vago. Un río de agua clara inunda avenidas, dobla esquinas, cambia de acera, muda el ánimo. Libera esas ganas absurdas de esperar que aparentas: escribe la última hora. No quieras apurar el poco tiempo. No quieras experimentar el peor final. No quieras saber qué urden quienes intentan salirse con la suya. La suya no es tuya. O quiere si en realidad es una decisión nunca tan bien ponderada. Gracias.
martes, 1 de marzo de 2022
Bendita rutina ausente.
Hay días que sin ganas me obligo a escribir y las palabras que salen de mi teclado intimidan. Soy persona que no comparte sentimientos del corazón con otras personas. Aunque ahora, confieso que me gustaría hospedarme en otros corazones que tengan algo que decirme acerca de los abrazos y los besos que no di. Que no dieron. Que no nos dimos. El coronavirus me quebró el corazón y el desamor se hizo dueño de los restos y Les Seniaes se declaran incapaces de ir en busca de la rutina ausente. Bendita rutina ausente. Quiero trascender y compartir ideales, sueños, y hospedarme en otros corazones antes de morir. He vivido cautivo y esta indolente pandemia le debe a mi corazón gastado, condenado sin juicio y sin culpa; días con miedo, duelo sin muerte, vida sin alma; esta pandemia le debe a mi corazón vida sana, vida amorosa. Vivo el abandono y el desconcierto me abruma y, sin saber qué hacer, entre la frustración y la desesperación; voy o me quedo, se lo digo o no. Lo peor que jamás imaginé lo siento desde el día que el coronavirus volteó mi vida y dejé de ser activista ciudadano. Gracias.