domingo, 31 de diciembre de 2023
Permita, Dios.
sábado, 30 de diciembre de 2023
30/12/2023.
El año termina y la reflexión surge inevitable acompañada de una pregunta: ¿Cómo se ve el país ahora que el 23 es historia y el 24 aparece con sueños de ensueño? Hay sospechas crueles de país fallido. Hoy, 30 de diciembre, hablemos de lo peor para que el próximo año podamos hablar de lo mejor. Y comenzaremos citando ausencias, horrores, fracasos. Por suerte mi suegra no vino, pero me envió un deseo de Fin de Año: un candil para buscar en medio de la triste ética que vive el país una militancia ciudadana solidaria. Lo peor del amor es cuando muere. Peor que el desamor fue ver cómo destrozamos el orden social indispensable para vivir en sociedad. El chantaje crece, la discriminación avanza, la delincuencia se adueña de todo y la violencia de género es un crimen ininterrumpido. "55 Mujeres Eternas". Este país ha perdido el principio de autoridad que es la antesala infeliz del caos. Las derechas se calmaron, pero siguen sin aceptar el resultado de las urnas. El pueblo no es soberano, quizá ni el rey lo sea. Entonces, más que conceptualizar, demos ejemplo que es mejor y más didáctico: volvamos a la escuela empezando por los ejemplos para que este país no se convierta en un averno. Escribo y pienso en el pueblo de Patricia porque me duele especialmente, pero este caos es nacional. Lo peor de este 23 que acaba (con excelentes cuentas de resultados de las grandes empresas -incluyo los usureros-, a la vez que sin pudor y sin decencia se congelan los salarios de los que siempre pierden por no querer pactar los empresarios y los sindicatos con el gobierno), ha sido la pérdida de la fe en el futuro del país y en los demás, y el amor entre nosotros. Cuando menos, tengamos una feliz entrada de año. Gracias.
viernes, 29 de diciembre de 2023
Uno que es muy apañao.
Para despedir 2023, lo tengo preparado de manera precisa, como persona precavida que organiza las grandes despedidas. A eso de las diez de la noche me sentaré a la mesa y escucharé música a todo volumen, lo más escandalosamente posible para ir entonando el cuerpo y luego me daré a la bebida, beberé hasta perder la conciencia para olvidar lo malo del año: las corruptelas políticas que se hunden en el fango de las conductas, los silencios de los monseñores que lamentaría el Señor Padre, pues no creo que esté al corriente de la impunidad de quienes representan su iglesia. La lentitud de la crisis con sus días y las miserables incoherencias que impiden a la mayoría de la sociedad tener lo elemental para vivir dignamente. Y los peores empresarios amigos de Rajoy. Y los usureros. Y la gasolina y la electricidad y la cesta de la compra. También lloraré de impotencia porque como cada año se encuentran en distintas partes del mundo (casi siempre las mismas) guerras que conducen pueblos sin esperanza al exterminio. Por las enfermedades sin vacunas, por el hambre que mata, por los abusos de poder, la explotación, la violencia de género, por tanta injusticia que existe en el mundo y sus funestas consecuencias. A pocos días del Nuevo Año a uno solo le apetece beber y perder la conciencia para intentar, simplemente, olvidarse de 2023.
Aclaración a la tontería: Lo de arriba es cierto, pero si dudan hagan memoria, repasen la hemeroteca y comprobarán cómo avanza por el mundo una sociedad indiferente con sus horrores del brazo. Realicen el ejercicio y griten su verdad al viento para que se enteren los creyentes anegados en llanto y los agnósticos con Marx. Para que se enteren los políticos sin prisa, empresarios sin miramientos y ladrones de guante blanco. Para que se enteren en la Moncloa, en el Congreso y el Senado. Para que se enteren los testaferros del oprobio. Para que se enteren todos, y en fin, que con la llegada del Nuevo Año y su manojo de esperanzas, vendrán o permanecerán, las mismas miserias y los mismos miserables. Tiempo al tiempo. Gracias.
jueves, 28 de diciembre de 2023
Lo barato, sale caro.
Lo que somos interiormente hace asomo cuando un serio incidente nos pone a prueba, y así como la sombra nos resalta un perfil, nuestra actitud, ante tal incidente, nos revela quién somos. Un incidente a veces nos sorprende y sale a la luz nuestro verdadero yo, quizá el peor yo y la liamos parda. Casi feliz, andaba uno esta mañana ahora que los años me dejan observar a quienes siempre andan tras el interés porcentual, el vulgar cambio de chaqueta que convierte el escenario político en una réplica lamentable de tanto tienes tanto vales... y para mayor dolor todo se compra y se vende. Triste realidad en la que nos fuimos metiendo solos con el orgullo impoluto y los adversarios derrotados. Y todo agravado por la cada vez mayor ausencia de principios y valores. Lo tengo escrito por ahí: "estoy harto de tener razón y perder". Nuestra desigual democracia se está deteriorando porque sus excelencias no paran de agitar el curso de sus propios intereses; cada vez con menos demanda de ideas y mayores ofertas. No se engañen, son lo que dan de sí, tal vez lo que nos merecemos por lo que nunca serán. ¡Están en oferta, oiga, como otras veces elijan a su excelencia a precio de costo!. Lo barato, sale caro. (Borges temía a los espejos de la misma forma que quienes miran al pasado buscando una respuesta sobre el futuro: están fuera del presente). Gracias.