miércoles, 31 de agosto de 2016

"In dubio pro operario".

A un amigo de siempre, periodista y crítico de cine, le envié un "emilio" porque me estaba entregando a la locura al no recordar el título de una película. Lo cierto es que creí que no me iba a contestar, es muy de aquella manera; a poco que le hablé de Jodie Foster y Anthony Hopkins le sobró tiempo: "El silencio de los corderos". Pero la cosa no quedó ahí y sin ton y sin son se puso a wasapear conmigo:

-¿Qué quieres ser lobo o cordero?
-Qué pregunta, como si no supieras que soy asturiano.
-¿Te refresco la memoria sobre el tema de la película?
-El titulo es suficiente. Gracias y salud. Besos en casa.

Hoy me siento triste, y como yo la clase trabajadora de este país, porque la derogación del Estatuto de los trabajadores no sera posible si gobierna Rajoy... Adiós al Pacto de Toledo. Seguiremos explotados por los amigos empresarios de Rajoy con esos contratos laborales de ciencia definición para llenarse los bolsillos con la conciencia tranquila. Son populares los amigos empresarios de Rajoy, en su mundo son estupendos, pero si les suben al banquillo de los acusados por sus tropelías (algunos lo merecen, tengo pruebas) serán famosos y los veremos salir de los juzgados con prisa hablando por el móvil... a los medios de comunicación eso les encanta... Ante cualquier perjuicio laboral, y cueste lo que cueste, mejor lobo que cordero. Las cosas pueden ir a peor... Ni los sueños serán invencibles. Hoy, miércoles, será un día importante en la política de este país, y de soslayo sale en defensa de los derechos de los trabajadores. No se dejen amedrentar y den parte de su caso a la autoridad judicial... Con el perdón.

Marina Tsvetáyeva.

Tu alma y la mía son gemelas.

Tu alma y la mía son gemelas
como mis manos: la derecha y la izquierda.
Tan cálidas y tiernas son unidas
como dos alas de un pájaro dormido.
¡Por un ciclón quedamos separados,
por un abismo, tú y yo, como dos alas!.

Marina Tsvetáyeva, poetisa, falleció el 31 de agosto de 1941.

martes, 30 de agosto de 2016

El recato de una mujer.

Andaba uno esta mañana casi vencido por aquello de tener desordenadas las ideas y sentirme incapaz de escribir un día feliz que, desoyendo a la dama que vela mis sueños, me apunté a una de dos bandas de tambores del pueblo de Patricia. Pensé que podía ser interesante saber lo que siente un tambor por dentro al emitir un sonido tan espantoso. Así casi vencido andaba uno esta mañana cuando una mujer bella y recatada se acercó a mí en plan protectora atendiendo a mi edad y salud. "A su edad y sabiendo que tiene la cabeza como la tiene, ¿cómo se le ocurre tocar el tambor, alma de Dios? Deje de aparentar y vaya a sentarse a un banco del parque con otros viejos y comente la historia de su patética realidad". Uy, conoce mis delirios esta mujer bella y recatada ¿quién será, será? Entonces no me apuntaré a una de dos bandas de tambores en el pueblo de Patricia, a pesar de no querer aparentar sino saber, tocaré uno de dos testículos y seré político y sabré lo que siente un tambor sin apuntarme a una banda de dos y tendré asesores que metan la pata de atrás por mí. Los políticos son beatos y van al cielo a pesar de los pesares. Seré político y no tendré que reconciliar con otros políticos porque seré santo que es más que beato. No me interesa seguir siendo un viejo casi vencido cuando no sea capaz de escribir un día feliz para vivir, a pesar de saber que no puede haber un juez que me condene a morir cuando por amor puedo vivir. Si hoy casi vencido doy pena capital mañana daré risa contagiosa y otro día el que ordena la lista de los amaneceres me llamará para que represente una sociedad en busca de su propio futuro. (Ande con cuidado, mujer bella y recatada, porque hay quien va diciendo por ahí que este país no hace mucho tiempo se llamó dizque España). La mujer bella era, pero recatada... Sean muy felices y gracias.

lunes, 29 de agosto de 2016

Nada ocurre por casualidad.

"Porque las cosas no se aclaran nunca con la mentira ni con el silencio". Pablo Neruda.

La ventaja de esperar lo peor es que al final las cosas nunca resultan tan malas como se esperaban. A veces la somnolencia me embarga y cortinas de humo me nublan la visión en la impredecible realidad y por momentos no sé quién soy, me siento flotar en un mar de dudas y reconozco en mí el rostro de la desesperación. Pareciese que vivo en un mundo de poetas y no me interesa el dolor de los que sufren en silencio. La familia. La familia, y los hijos primero. Me interesa, y Dios sabe cuánto... Mi familia.

Qué insolencia, escribo tirado y no sé dónde quiero llegar: la clave pudiera tener su origen en la noche desvelada... Llevo demasiados días sin dormir... Para mí la noche es enorme, y mirando al cielo vi que las estrellas formaban palabras y sin entender qué ocurría (el cielo me juzgue) di por real que también yo soy palabra y en este instante alguien me deletrea...

La familia, aún hay esperanza... Estoy jugando con Ian. asuntos inaplazables ocupan a Patricia: intuyo que algo bueno va a ocurrir. La María nunca me abandona. Y yo, enamorado de Patricia y ella de mí, de la palabra, de la utopía en apariencia inalcanzable. Las cosas suceden, y a partir de ese momento llega la hora de reflexionar no tanto sobre el suceso, sino sobre sus consecuencias. Gracias... (de nada).

domingo, 28 de agosto de 2016

Mal que le pese.

No me importa convivir con otro (soy sincero: mejor con otra o conmigo), estoy acostumbrado y es mi vida a la que no pienso renunciar por otra suerte peor. La ciencia no avanza lo suficiente y ya no tengo edad para decepciones. Es domingo y escribir la verdad conlleva consecuencias irreversibles... Uno adquiere compromisos que infringen dolor, como esas tradiciones criminales con etiqueta de cultura.

Sí, en mi cabeza hay otro y no otra, e influye en mí de manera tal que a veces no me reconozco. Y digo cosas... más bien escribo cosas, porque dejé de relacionarme con la gente al no ser capaz de discernir quién soy yo y quién el otro. En realidad yo soy una persona accesible, amena, estupenda: una de esas personas que a primera vista te apetece invitarla a café y emprender una amena conversación. Soy lo que me gustaría ser si pudiera elegir. Soy yo y otro pegado a mí como un tango: me desconcierta, me trasforma y coloca en mi boca palabras necias y exigentes. No tengo manera de zafarme de él porque no llego a conocerlo; ni una pista, ni su nombre. Ni un clavo ardiendo al que agarrarme. Ese soy yo y de otra manera bien, muchas gracias. Vivo en mi humilde soledad permanentemente amenazada por él: no ejerzo mi derecho a la libertad de expresión y es dueño de mis silencios que son mis sentimientos y los saca a pasear cuando menos lo espero... De otra manera mal, no valen las disculpas. De no escribir en mi mundo daría en loco. De mi mundo no me apeo ni dejaré de escribir. Sean muy felices y salud.