lunes, 10 de noviembre de 2014

¿Ya te vale, no?

Luego de una tarde pensando qué ponerse lleva una hora quita y pon vestidos para ir a cenar con unos amigos. O no se gusta o teme no crear una opinión de asombro entre sus amigas. Vivimos de las apariencias. Lo malo, porque hablo de mi esposa, que yo tengo que estar a su altura. Y cómo no tengo tanta ropa como ella ni ganas de romper el espejo que ya está pidiendo socorro. Los espejos tienen vida y a éste ya no le queda ni para un mal reflejo.

Más que sentir comodidad con nuestra vestimenta nos importa la admiración de los demás. Que podría valer con su aprobación, pero no. O rompemos con el entorno o nos quedamos en casa. Una de dos. Es difícil ser uno mismo si seguimos las reglas de la vecindad que tiene que ver con el rechazo y el ridículo. La falta de autenticidad nos hace más débiles. Y yo sin tener nada que ver pierdo, yo siempre pierdo cuando "quedamos". Y a mí qué carajo me importa si aquél o aquella estrenan o no, si llevan la ropa que pusieron el sábado pasado o no. A mí qué me importa...

Qué hay de lo original, de que te conozcan como realmente eres, del criterio propio, de no importarte lo que piensen de ti si hablamos de trapos. Que otra cosa sería si habláramos de Sánchez o Rajoy. De "la cosa nostra", quiero decir. O de fúrtbol, que hoy es lunes... ¡Quiero morir, ir contigo, dona, esto es peor que Les Seniaes cuando no hay azahar porque no es primavera y las pariposas no están ni se las espera!.

Vanidad.

"¿Dónde está la utilidad de nuestras utilidades? Volvamos a la verdad: Vanidad de vanidades". Antonio Machado.

Acerca de la Vanidad la RAE sentencia (copio y pego): Cualidad de vano. Arrogancia, presunción, envanecimiento. Caducidad de las cosas de este mundo. Palabra inútil o vana e insustancial. Vana representación, ilusión o ficción de la fantasía. Y abatir su engreimiento y soberbia, respecto a alguien. (Todos los derechos reservados).

¿Reservados todos los derechos por quién? ¿Por la RAE? ¿Y ahora? ¿Es posible que te quedes sin vanidad, el comienzo de todos los pecados? Déjamelo a mí, pondré a trabajar a todos los académicos de la Lengua porque tú sin vanidad no puedes vivir. Mientras tanto y se las ingenian con un vocablo a tu imagen y semejanza mira, a ver qué puedes hacer con la humildad, la modestia, la sencillez... Mira a ver qué puedes hacer con el lado oscuro de tu vida.

No debió acabar así.

No debió acabar así, pero el azahar, como el amor, es caprichoso... Me cuentan que se fue a la Casa del Señor para no resucitar jamás. ¿Y ahora? Perdida su fe en mí, la palabra que nos unió nos separó. Después de un malentendido, de un incidente sin importancia; después de que la verdad se sincerara, la realidad se hizo dueña de ella y la mentira campeó por el horizonte de su vida. Y una de dos, o la mentira o la Casa de Dios. Eligió la Casa de Dios.

Una mujer se unió a Dios. Sí. Fue un caso extraño de vida mística con los pies en la tierra y la mirada puesta en el amor. De su espiritualidad pueden dar testimonio los que tuvieron la suerte de conocerla. Una mujer humilde y sencilla. 

En lo que a mí respecta siempre nos quedará París, aunque no será lo mismo. Ya ni su estar ahí, ya ni su oído sordo, ya nada de nada. Insisto: No debió acabar así.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Grave error decir la verdad...

Grave error decir la verdad... Por ser domingo, por ir a misa y decir la verdad, dije lo que tenía que haber callado. Y no es que me arrepienta, no es eso, pues realmente lo sentía, es que decir la verdad no es bueno. Como en el amor... pese a quién pese. 

"Que revisen tus anomalías", me dijo una amiga por un "emilio" demasiado directo. Se lo devolví diciendo que esta semana pediría cita, pero que la sanidad va lenta, además que había dicho la verdad... Aún llevo esperando su respuesta.

Otra que me hicieran una auditoría como si fuera una empresa o un defraudador de Hacienda.

Y todas las demás me llamaron desagradecido, menos una que además me insultó.

Soy como soy y cambiar a estas alturas... ay, no sé. Lamento no estar a la altura de lo que se pudiera esperar de mí. Mi credibilidad otra vez por los suelos. Ni ofender ni provocar a nadie era mi intención. El Rey: "Lo siento mucho, me que equivocado. No volverá a ocurrir".

¿Quién cuidará ahora mi credibilidad? ¡Joder dona cuánta indiferencia!. (Ni el Rey ni yo somos culpables por decir la verdad).

Haciendo amigos.

Leo libros de poesía y prensa la justa. Los comentarios de opinión no me interesan, a no ser, como diría Mariano, los que me interesan, y cito a Juanjo Millás y otros y otras a veces. Entrevistas de las que se venden ni me molesto en poner las gafas. Deportes y economía no, cartas al director sí. Radio y televisión apenas. Y escucho a Bach y al Sabina. 

Tengo conciencia política e ideología, y la seguiré teniendo a pesar de los pesares.

Si de soslayo hablo me gusta que me lean (escribo para ustedes con todo respeto y afecto), pero no que comenten lo que escribo: me cansa leer los comentarios y más contestarlos. Y si de Quizá ya ocurrió igual, pero con él no puedo, es mi principio y mi fin: me tiene tomada la medida, ¡joder, dona, no sé explicarlo!, aunque lo quiero a morir. Además de ser quien me enseñó a amar la poesía y la palabra escrita. Nunca olvidaré. Ni lo dejaré ir, a no ser que... Entonces asumiría mi culpa y mi castigo.

Escribo el día como me agrada vivirlo. No soy de los que escriben siempre la verdad y nunca contrasto lo que escribo, pero si parafraseo o "copio y pego" algo que me gusta cito su autor. Nadie me manda pero sí me inspiran. Y lo que piensen de mí me importa un carajo.

No espero ganar ningún premio literario ni busco aplausos. Me apasiona escribir y no haré otra cosa hasta que muera porque me gano la vida por ser viejo y no por escribir. Es todo. (Hoy es domingo y se debe decir siempre la verdad). Con perdón.