"El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive". (Fiódor Dostoyevski).
Un respiro profundo para ahogar un sentimiento, un momento imaginario de coexistencia maravillosa, una estrella fugaz, un suspiro con los párpados calados, una oración entre los dientes y el corazón en el puño. Tienes un punto ciego en tu mirada que te impide ver en la penumbra (y cuando nadie nos vio... No, debiste dejar de abrazarme sin darme un beso). Fuiste libre para elegir y elegiste lo que más te interesaba... No, lo que más te interesaba no fue lo que elegiste. Y dejaste resbalar una lágrima por tus mejillas. Una lágrima resbaló por tus mejillas... ¿Recuerdas? Nos vimos en la penumbra (no fue casualidad), nos abrazamos y dejaste resbalar una lágrima por tus mejillas... Sucedió, no es fruto de mi imaginación, tal cual, no debiste dejar de abrazarme sin darme un beso y explicarme por qué lanzaste bombas de racimo contra lo que encarno: la familia, y los hijos primero. No te importó su mente enloquecida. Un punto ciego en tu mirada, la penumbra y tu elección. Sí, sabías lo que hacías. ¿Acaso no recuerdas los latidos de tu corazón al abrazarme...? Fue música sanadora para todos tus males. ¿Y ahora? En tu corazón ocultas más de lo que crees y sigues ahí, obsesionada, intentando revivir una poesía muerta. Gracias.
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