De cuando en vez, cuando el asunto lleva al caso, la nombro, hablo de la dama que no me deja ir. No me deja ir, y eso es de agradecer, porque aún no pasé la raya que limita la enajenación de la cordura, o viceversa, puesto que la raya es muy fina y no me veo capaz de discernir si la pasaría por abajo o por arriba. Parece una buena mujer, aunque a veces se pone en plan psiquiatra y es una tortura incluso para mí. La soledad no deseada y los problemas de salud mental. ¿Uno lleva otro? Como otro lleva a uno. Matemáticamente. El problema no nos es ajeno: escucha, activa conexiones auténticas, espacios de apoyo e insiste en solicitar ayuda a tiempo y responder a ella desde la Sanidad Pública, aunque eso va a ser complicado por lo que sabemos. Pues entonces, para dirigir este reto invisible sin mirar atrás, con esperanza, invitaría a un corazón amigo y situar el suyo a su lado y hablar quieto, o conversar sin mediar palabra. Reír, solo reír, cuáles verdaderos amigos. ¿Será posible? Un amigo y una mano y un brazo pegado a un hombro. (La soledad no deseada y los problemas de salud mental). Gracias.
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